Nadie se atreve a decirlo abiertamente, pero todos están seguros: sin alianzas a la vista que permitan la formación de un gobierno, España está abocada a nuevas elecciones y, tras cuatro meses de bloqueo político, la precampaña ya está en marcha.
Rodeado de los ancianos vecinos de un pequeño pueblo de Castilla, el presidente del gobierno conservador saliente, Mariano Rajoy, lo hizo patente ayer.
Alabando los méritos de una España rural -ampliamente desertada por los jóvenes- de la que procede buena parte del electorado de su Partido Popular (PP), defendió“los derechos” de quienes viven en el campo. Y dejó clara su prioridad: crear empleos, indispensables “para pagar las pensiones”.
La víspera, su ejecutivo anunció que pagará entre abril y mayo la segunda parte de una paga extra de los funcionarios que estaba congelada desde 2012, en contradicción con la decisión, tomada el viernes, de recortar unos 2 mil 600 millones de dólares para hacer frente al desvío de los objetivos de déficit.
Es una medida “electoralista”, fustigaron los otros partidos, recordando que la primera mitad de dicha paga se abonó poco antes de las elecciones legislativas del 20 de diciembre.
Mientras tanto, la formación de izquierda radical Podemos anunciaba la organización de una “fiesta de la primavera” en un parque público “con actividades para los más peques (pequeños), conciertos, bicicletas, picnic y un montón de sorpresas”.
