A juicio de la Superintendencia de Bancos de Panamá, el FPB Bank era insalvable. Un pobre perfil financiero y de gobierno corporativo condujeron a esa conclusión.
Su cartera de crédito presenta una alta concentración en Brasil, con pocos clientes, elevada exposición y alto nivel de morosidad.
El banco denota una deficiente gestión de créditos y tiene un porcentaje significativo de la inversión que corresponde a una participación en Brickell Investments, un fondo relacionado con el propietario del banco, sin saberse a ciencia cierta su valor real, sin procesos formales de seguimiento.
Según las autoridades judiciales de Brasil, este banco supuestamente abría cuentas offshore conectadas a clientes de la firma panameña de abogados Mossack Fonseca, lo que habría posibilitado el movimiento del dinero que entraba en esas cuentas.
Y de acuerdo con la Superintendencia, el riesgo reputacional, además de las investigaciones judiciales que se adelantan tanto en Panamá como en el exterior, no permiten una condición favorable para llevar a cabo un proceso de reorganización o venta del banco.
El año pasado, el banco había sugerido una venta o liquidación voluntaria, dados los problemas financieros encontrados. Sin embargo, cuando la Superintendencia toma el control de la entidad, se da cuenta de que esta salida era imposible. Entonces decide que el camino era una liquidación forzosa.
Nombraron como liquidador a Mauricio Rodríguez Vargas, quien deberá comunicar a la Unidad de Análisis Financiero (UAF) cualesquiera operaciones sospechosas vinculadas con el blanqueo de capitales. También deberá reportar al Ministerio Público si encuentra indicios de actos ilícitos.