Jacques Chirac, el presidente francés que dirigió su país hacia la moneda común de Europa y encabezó la oposición internacional a la invasión de Estados Unidos (EU) a Irak, murió ayer. Tenía 86 años.
Como presidente de Francia entre 1995 y 2007, Chirac buscó más influencia para su país y para la Unión Europea, abogando por un mundo “multipolar” para equilibrar el dominio estadounidense y “anglosajón”.
El presidente, que entró al gobierno bajo Charles de Gaulle en la década de 1960, forjó, como su mentor, una reputación de desafío, primero hacia sus propios jefes y luego hacia EU.
“Su memoria permanecerá en la historia de Francia al igual que en los corazones de todos nuestros compatriotas”, dijo en un tuit Nicolás Sarkozy, su sucesor como presidente y miembro del mismo partido conservador. “Una parte de mi vida ha desaparecido hoy”, añadió.
Chirac lideró la oposición en Naciones Unidas a la invasión de Irak en 2003, una operación que al final reveló que el país no tenía armas de destrucción masiva. Fue el primer presidente francés en reconocer la responsabilidad del Estado en la deportación de judíos durante la II Guerra Mundial. También acuñó una frase que se ha convertido en un hito de las políticas climáticas de Francia desde entonces: “Nuestra casa está ardiendo y miramos a otra parte”, dijo en 2002.
Después de dejar el cargo, Chirac fue acusado de corrupción durante sus años como alcalde de París, convirtiéndose así en el primer exjefe de Estado de Francia en ser juzgado y condenado desde la II Guerra Mundial.
El expresidente, que no asistió al juicio de 2011 por una enfermedad, fue declarado culpable de malversar fondos de la ciudad para beneficiar a sus seguidores y al partido. Recibió una suspensión de la pena y no apeló.
En homenaje a Chirac, el lunes será en Francia un día de duelo nacional y habrá una misa solemne en la iglesia parisina de San Sulpicio.
