El presidente filipino, Rodrigo Duterte, anunció ayer en Pekín su “separación” de Estados Unidos, su tradicional aliado, confirmando su giro diplomático hacia China.
Duterte, acompañado por una delegación de 400 miembros, realiza una gira de Estado que representa una reanudación de las relaciones entre China y Filipinas, que en los últimos años se volvieron glaciales a raíz de la disputa por la soberanía de algunas islas en el mar de China Meridional.
“Anuncio mi separación de Estados Unidos”, afirmó Duterte en un foro económico, pocas horas después de una cumbre con su homólogo chino Xi Jinping, suscitando fuertes aplausos.
“No hemos recibido aún un pedido por los canales oficiales que apunte a modificar nuestra asistencia o nuestra cooperación con Filipinas”, indicó en Washington un alto funcionario estadounidense que pidió el anonimato. Sobre la disputa histórica, Duterte indicó que quería “aplazar [este asunto] para otra vez”, y dar prioridad a la cooperación económica. China saludó esta posición.
