La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), con más de 112 mil jóvenes de 156 países, formalmente registrados, concluyó ayer tras seis días de diversos eventos religiosos y culturales que tuvieron como protagonista al papa Francisco.
La ceremonia de bienvenida a la JMJ 2019 ocurrió el martes 22 de enero en la cinta costera (campo Santa María la Antigua) con mensaje del arzobispo José Domingo Ulloa, un día antes de la llegada (miércoles 23 de enero) y traslado del pontífice a la Nunciatura.

Al día siguiente tuvo una agenda apretada en la mañana, que incluyó la ceremonia de bienvenida y visita al Palacio de las Garzas, un encuentro con los obispos, y la apertura en la tarde de la JMJ en la cinta costera, donde hizo un llamado a la igualdad y a pensar en el verdadero significado del cristianismo. Pero antes había hechos críticas a la corrupción, la falta de transparencia y a los problemas como la migración, la violencia doméstica y los miedos. A los obispos centroamericanos les recordó el ejemplo de san Arnulfo Romero.
El viernes 25 de enero lideró un viacrucis y compartió la liturgia con jóvenes del Centro de Cumplimiento de Menores en Las Garzas.
El mensaje central de ese día fue que “la indiferencia es el centro de todos los males”.

El sábado fue el invitado de honor en la consagración del altar de la Catedral Basílica Santa María la Antigua; almorzó con los jóvenes del Seminario Mayor San José y abrió la vigilia en el Campo San Juan Pablo II, en Metro Park, Juan Díaz, donde la celebración se extendió a lo largo de la noche y madrugada con música, bailes y camaradería entre amigos y personas que querían expresar su estado de felicidad.
Ese día emplazó a los adultos: “¿Qué hacés vos para ayudar a los jóvenes?”. Pidió a los chicos hacer como María, ponerse al servicio de los demás, no abandonar sus raíces y amar líos.
Así fue el ir y venir de la agenda de Francisco en Panamá, un itinerario que no concluyó hasta ofrecer una nueva misa en el campo Juan Pablo II tras la vigilia, visitar el hogar El Buen Samaritano y reunirse con los voluntarios de la JMJ en el estadio Rommel Fernández, todo en un agitado domingo para los practicantes de la religión católica.
