La convención del Partido Republicano abrió ayer bajo una ruidosa y furiosa revuelta de delegados opuestos a Donald Trump, opacando las ilusiones del magnate de alcanzar una tranquila consagración a la candidatura presidencial.
Prueba de las aún latentes divisiones en el seno del Partido Republicano, un escandaloso intercambio paralizó por largos minutos los debates en la Quicken Loans Arena, donde se reunían cerca de 2 mil 500 delegados provenientes de 50 estados.
El explosivo magnate inmobiliario espera unificar el Partido Republicano luego de meses de peleas intestinas, pero las escenas en Cleveland prometen de todo menos armonía.
Los delegados anti-Trump, furiosos contra un candidato que ha llamado racistas a los inmigrantes mexicanos y promete vetar la entrada al país a los musulmanes, estallaron de rabia contra los procedimientos que les negaron una oportunidad para expresar su descontento.
Los opositores de Trump tenían pocas oportunidades para detener su avance. Pero, quizás pensando en la posteridad, querían una votación para dejar en claro quiénes apoyaron al empresario de 70 años y quiénes se opusieron. “Merecemos ser escuchados, esta es la convención del pueblo”, reclamó Diana Shores, una delegada de Virginia, de pie sobre una silla con otros rebeldes. Pero a pesar del alboroto, la derrota marcó espectacularmente el fin del movimiento “Stop Trump” (“Detengan a Trump”), que pretendía cambiar las reglas internas para romper el compromiso de los delegados de votar según los resultados de las primarias favorables al magnate, llamándoles a votar en cambio por su “conciencia”.
Los seguidores de Trump llamaron a los delegados a respetar la voluntad de los votantes republicanos: el millonario ganó una serie de primarias en varios estados, recolectando un récord de más de 13 millones de votos.
