Con el dolor todavía a flor de piel tras el brutal atentado de Mánchester (Inglaterra) el pasado lunes, en el que fueron asesinadas 22 personas, los líderes de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido concluyeron su primer día de trabajo en el G7 con un mensaje compacto frente al terrorismo.
El G7 firmó un texto cohesionado –de 15 puntos y 3 páginas– en el que se destacó la importancia de la lucha conjunta contra “el extremismo violento” y, por primera vez, se mostró preocupación por la propaganda incontrolada que circula por internet. “A veces este espacio ejerce como recámara de los actos de terrorismo”, señaló el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, en rueda de prensa.
La primera ministra británica, Theresa May, fue más allá y apuntó directamente a la responsabilidad que ejercen las empresas de tecnología como instrumento masivo de captación de radicales en la red.
Desde el altavoz de la política –los Siete que eran ocho hasta que Rusia, incorporada en 1998, fuera expulsada en 2014 tras la anexión de Crimea en la crisis con Ucrania–, instaron a “desarrollar de manera urgente y compartir nueva tecnología y herramientas para mejorar la detección automática de contenido que incite a la violencia”.
Ese mensaje ya había calado en las cuatro grandes empresas tecnológicas YouTube, Facebook, Twitter y Microsoft, que en enero de este año se unieron para, en conjunto, identificar y eliminar el contenido extremista de sus páginas a través de la creación de una base de datos con los videos e imágenes que promueven el terrorismo.
Tal y como se esperaba, ayer hubo acuerdo en lo fácil: contra el enemigo común. Pero el principal escollo para la cohesión de los siete países más industrializados del mundo sigue siendo el desafío energético.
Dos meses después de su llegada a la Casa Blanca, Donald Trump ordenó un decreto ejecutivo que convirtió en papel mojado el empeño de su antecesor en la inversión de energías limpias para desmantelar el uso de las fósiles en Estados Unidos, uno de los países que más gases invernadero manda a la atmósfera (22% del total).
Pero, para saber el rumbo que tomará la administración estadounidense en referencia a los Acuerdos del Clima de París, firmados por más de 190 países que limitaron el calentamiento global a 1.5º C, habrá que esperar.
“Hay una cuestión que permanece en suspenso: los Acuerdos de París sobre el Clima. El Gobierno estadounidense tiene una reflexión interna en curso sobre los Acuerdos de París”, anunció el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni.
Sin embargo, son muchas las voces que piensan que el mundo continuará por el camino de París con o sin Trump. Para el activista de Greenpeace Luca Iacoboni, si Estados Unidos no toma la dirección de las renovables, “se quedará atrás”.
“Está demostrado que la inversión en energía renovable ha incrementado los puestos de trabajo y que la energía solar será más barata que el carbón para 2025”, explicó a este diario.
Su argumento lo avala un informe de la ONU que explica que, en caso de retirada del Acuerdo de París, Estados Unidos perdería capacidad competitiva porque China, India y Europa asumirían “mejores prospectivas ocupacionales en el futuro del sector energético”.
La jornada de hoy se centrará en el crecimiento económico, y la gran incógnita sigue siendo si Trump se alejará de la línea proteccionista que ha marcado sus primeros meses de mandato.
Por otro lado, Washington descartó ayer reducir las sanciones contra Rusia por el conflicto en Ucrania y podría incluso endurecerlas, zanjando así las dudas sobre la postura estadounidense respecto a esta cuestión espinosa.
“No vamos a reducir nuestras sanciones contra Rusia”, declaró Gary Cohn, el máximo asesor económico de Trump en el marco del G7, quien además afirmó que en todo caso la administración del mandatario republicano será“más dura” contra Rusia por la anexión de la península de Crimea.
Trump: ‘El problema será resuelto’
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró ayer que el “problema” norcoreano “será resuelto”, al reunirse con el primer ministro japonés Shinzo Abe antes de la cumbre del G7. “Es un gran problema, un problema mundial”, dijo en Taormina, Italia. “Será resuelto, no les quepa la menor duda”, afirmó antes de que el tema de los ensayos de misiles balísticos por parte de Corea del Norte sea abordado por los líderes de los siete países más industrializados del mundo.
China, el único aliado de Corea del Norte, y Estados Unidos negocian desde hace varias semanas una nueva serie de sanciones del Consejo de Seguridad, pero la embajadora norteamericana ante las Naciones Unidas, Nikki Haley, afirmó la semana pasada que no habían alcanzado un acuerdo final. Estados Unidos aseguró estar dispuesto a dialogar con Corea del Norte, pero a condición de que el régimen comunista abandone sus programas nuclear y balístico. Washington cuenta con China para hacer entrar en razón a su aliado y vecino Corea del Norte, que es también su principal socio económico.