Ocho años después de un golpe de Estado, los votantes de Honduras estarían dispuestos a reelegir el domingo a Juan Orlando Hernández, un aliado de Washington que logró una disminución de los homicidios con una lucha férrea contra las pandillas y el narcotráfico.
Su eventual victoria sería aplaudida en Washington, según dos funcionarios del Departamento de Estado, quienes agregaron que Estados Unidos tiene pocos aliados fiables entre los líderes centroamericanos.
Hernández tiene una estrecha relación de trabajo con John Kelly, el jefe de Gabinete del presidente Donald Trump. En 2009, Estados Unidos batalló con cómo debería responder a la destitución del presidente Manuel Zelaya después de haber propuesto un referendo sobre la reelección.
No obstante, funcionarios estadounidenses ahora dicen que no les preocupa que Hernández pueda consolidar su poder, aunque piden que sea aprobada una ley -que permanece estancada- que impone límites a los periodos presidenciales. Los sondeos le dan una ventaja de dos dígitos sobre Salvador Nasralla, quien encabeza una alianza de izquierda-derecha de partidos y agrupaciones políticas de oposición en Honduras, la Alianza de Oposición Contra la Dictadura. La oposición alega que la candidatura presidencial de Hernández es ilegal y se ha negado a discutir una reforma que impone topes al mandato presidencial.
