Abren museo dedicado a los botones

Con una colección de unos 6 mil botones diferentes, fue inaugurado hace unos días en la ciudad de Panamá el Museo de Botones Destro, que cuenta con piezas provenientes de los cinco continentes y de diversos periodos históricos. Algunos botones son tan antiguos que datan del año 370 d.C. (pueblo visigodo). Hay botones que se remontan a la I y II Guerra Mundial, a la Revolución Francesa y a los antiguos reinados europeos. VEA 2A

Abren museo dedicado a los botones
La muestra de botones abarca las altas y bajas que ha registrado este engranaje del mundo de los diseños textiles a través de los siglos.

Con una colección de unos 6 mil botones diferentes, fue inaugurado hace unos días en la ciudad de Panamá el Museo de Botones Destro, que cuenta con piezas provenientes de los cinco continentes y de diversos periodos históricos. Algunos botones son tan antiguos que datan del año 370 d.C. (pueblo visigodo). Hay botones que se remontan a la I y II Guerra Mundial, a la Revolución Francesa y a los antiguos reinados europeos.

Para muestra, un botón. O mejor muchos. Tantos como los que se exhiben en el Museo de Botones Destro, en funcionamiento desde hace unos pocos días en la ciudad de Panamá.

Bordados en las telas de un puñado de vidrieras, hay botones que se remontan a los tiempos de la I y II Guerra Mundial, de la Revolución Francesa y de los antiguos reinados europeos. Son unos 6 mil botones, cada uno diferente del resto, asegura Amanda Destro, responsable de la iniciativa en conjunto con sus padres Mauro y Tisla Destro.

Todo empezó hace tres años con la caja de costura de la abuela. Allí reposaban decenas de botones, algunos muy llamativos. Los vieron al detalle, se encendió la chispa de la curiosidad y poco a poco la colección fue tomando proporción y forma gracias a la donación de familiares, amigos, “amigos de los amigos” y al intercambio y compra en mercados de antigüedades en Europa y en sitios de internet, cuenta Amanda Destro.

La idea del museo llegó hace un año y medio, cuando la colección estaba ya bastante robusta. Pensaron que si cada botón era capaz de representar una historia, entonces tenían que compartir las que habían reunido. Y la mejor opción fue acondicionar uno de los pisos en su vivienda en el residencial El Bosque, San Miguelito.

LA COLECCIÓN

Luego de tres años buscando aquí y allá, los Destro acumularon botones hechos con las diferentes fuentes de materia prima: plástico, metales y minerales (plata, aluminio, plomo, acero, cobre, bronce, rocas y zinc), plantas y vegetales (madera, caucho, coco o tagua) y animales (huesos, pieles, conchas y pelajes). También los hay de tela, vidrio, de gemas, cartón y hasta de hebras de cabello humano en forma de diminutos tejidos.

Hace siglos, cuando el uso de botones en la vestimenta se empezó a industrializar, cada uno tenía que llevar en el reverso el fabricante y el periodo en el que había sido producido. Eso ha facilitado encontrar la historia de botones muy añejos, con varios siglos encima, acota Amanda Destro.

Otros más contemporáneos fueron hechos como parte del sello de distinción y alcurnia de algunos personajes o instituciones, permitiendo conocer su pasado sin mayores problemas.

Así han podido reconocer botones muy elaborados que pertenecieron a los soldados de Napoleón Bonaparte, a la compañía naviera White Star Line, del Titanic, del reinado de Eduardo VIII de Gran Bretaña o del efímero país africano Tanganica (1961-1964).

Los botones más longevos de la colección Destro son los del pueblo visigodo que datan del año 370 d.C., mientras que el más costoso es uno con una cromolitografía, que cambiaron por 15 euros (unos 17 dólares). “Si quiere armar una colección que no le afecte el bolsillo, piense en botones. Son muy baratos”, bromea Amanda Destro.

En otros muebles del museo se pueden apreciar botones tallados de forma artesanal, otros con detalladas impresiones (telarañas, molinos, serpientes, quetzales o bufones) o botones con formas de monedas antiguas y también monedas antiguas convertidas en botones.

Hay una sección con botones en miniatura, otra de botones tecnológicos (con formas de emojis), de botones que reflejan corrientes de arte y arquitectura (art déco, victoriano o gótico) y botones de diseñadores (Armani, Tommy Hilfiger, Dolce & Gabbana, Versace, Valentino o Elsa Schiaparelli, modista italiana que introdujo el registro de marca de los botones).

Incluso, el museo cuenta con un espacio que reseña a sus competidores: la cremallera, velcro (cierre mágico) y el broche de presión (hembra y macho).

Destaca Amanda Destro que fue necesario leer decenas de libros sobre la historia textil y mucha paciencia para documentar gran parte de los botones en exhibición y entender cómo antes la confección de botones era un asunto muy artístico y ahora es bastante simple, gracias a los grandes fabricantes que los producen en grandes cantidades.

El Museo de Botones Destro es de entrada libre, previa cita a través de su perfil en Facebook o del teléfono 230-1974.

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