Nicaragua se vuelve a enfrentar con los viejos demonios de la corrupción, el autoritarismo y el desgobierno. Al menos 28 ciudadanos nicaragüenses, en su mayoría civiles, han muerto en la represión brutal y sanguinaria del gobierno sandinista. Quienes hoy luchan por recuperar su democracia están hastiados de los abusos de la pareja presidencial de Daniel Ortega y Rosario Murillo, quienes gobiernan –como si fueran monarcas absolutos y dueños de la libertad– las vidas y los sueñ̃os de los nicaragüenses. Esta nación centroamericana está́ ya cansada de la robadera por parte del Gobierno, de los altos impuestos, de los aumentos de tarifas de los servicios básicos, de la inconstitucional reelección de los Ortega y, sobre todo, de la incertidumbre cotidiana que existe en su sociedad. Nicaragua es hoy un ejemplo de cómo el proceso de acumulación de reclamos sociales termina por desbordar el orden político cuando los regentes no escuchan y no atienden los clamores de su pueblo. Una solución con los Ortega al mando de la precaria administración sería tan solo un vendaje transitorio al problema de fondo. Tanto ellos, como quienes los rodean, son la representación más clara del problema institucional que enfrenta el país.
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23 abr 2018 - 05:00 AM