Turquía apuntó ayer su dedo acusador contra el Estado Islámico (EI) por el triple atentado suicida con explosivos y armas que dejó 41 muertos en el principal aeropuerto de Estambul, un ataque que, según el presidente turco Tayyip Erdogan, debe ser un punto de inflexión en la lucha mundial contra el terrorismo.
En el que fue el más letal de una serie de atentados suicidas perpetrados este año en Turquía, los atacantes golpearon el ajetreado aeropuerto, un símbolo del papel de Estambul como la ciudad más abierta y cosmopolita del mundo musulmán, un cruce de caminos entre Europa y Asia.
Tres atacantes abrieron fuego para crear pánico en el exterior del aeropuerto en la noche del martes, antes de que dos de ellos accedieran al edificio y se suicidaran con los explosivos que portaban. Funcionarios hicieron un recuento completo de la matanza y dijeron que hubo 239 heridos.
El primer ministro, Binali Yildirim, dijo que los asaltantes dispararon indiscriminadamente para atravesar los controles de seguridad en la terminal internacional del aeropuerto Ataturk.
Uno activó su carga explosiva en el salón de salidas, otro en el de llegadas y el tercero, en el exterior.
“Nuestras ideas sobre quiénes fueron responsables del ataque se inclinan hacia Estado Islámico (EI)”, dijo en una conferencia de prensa en la capital, Ankara, agregando que las investigaciones deberían completarse en los próximos días, difundiendo las identidades de los atacantes.
El director de la CIA, John Brennan, dijo también que el atentado tiene el sello de la “depravación” del EI.
Turquía forma parte de la coalición liderada por Estados Unidos contra el EI y alberga a unos 3 millones de refugiados procedentes de los cinco años de guerra civil en la vecina Siria.
Erdogan, cuyo gobierno dio pasos esta semana para mejorar las relaciones con Israel y Rusia -en parte para fortalecer su lucha contra los militantes-, dijo que el ataque debe ser un punto de inflexión en la lucha mundial contra el terrorismo, que, según afirmó, “no considera la fe ni los valores”.
EXPLOSIONES
Un día después del ataque, el exterior del módulo de llegadas estaba repleto de paneles destrozados caídos desde el techo. Los ventanales de vidrio estaban hechos añicos, dejando a la vista el interior del edificio, y del techo colgaban cables eléctricos.
Las brigadas de limpieza barrían los escombros y la policía armada patrullaba mientras se reanudaban los vuelos.
“Había niños pequeños llorando, gente gritando, cristales rotos y sangre por todo el suelo. Había mucha gente, reinaba el caos. Fue traumático”, dijo Diana Eltner, una psicóloga suiza de 29 años que viajaba de Zúrich a Vietnam, pero fue desviada a Estambul tras perder una conexión. Paul Roos, un turista sudafricano de 77 años de camino a su casa, dijo que vio a uno de los atacantes “disparando al azar” en el salón de salidas desde unos 50 metros.
Un atacante abrió fuego en el área de salidas con un rifle automático, lo que hizo que los pasajeros intentaran ocultarse o escapar, dijeron testigos.
En el piso inferior de llegadas hubo otras dos explosiones, una en el exterior del edificio.
En imágenes de video se aprecia a uno de los atacantes en la terminal recibiendo un disparo, al parecer realizado por un oficial de policía, antes de caer al suelo mientras las personas huían. Luego el atacante se suicidó activando sus explosivos unos 20 segundos más tarde.
“Es un rompecabezas (...) Las autoridades están revisando las imágenes del circuito cerrado de televisión y las declaraciones de los testigos”, dijo un funcionario turco.
