La idea es hacer ruido. Mucho ruido. La idea es que los que no quieren escuchar, tengan que hacerlo. Que no puedan dormir.
Miles de personas han estado reuniéndose para eso desde hace varias noches en París.
Es una forma de protesta, claro, pero también una forma de encuentro.
De eso se trata el movimiento Nuit Debout (De pie toda la noche), que se ha tomado la Plaza de la República y está dando de qué hablar.
Es un recordatorio de movimientos contestatarios como el de los indignados en España y otras naciones europeas a comienzos de la década, que protestaban contra la recesión que dejó sin empleo y sin casa a miles de personas, y que puso presión sobre la situación económica de medio mundo a causa del festín especulativo de los mercados financieros.
Ahora en París se revive el furor de aquellos días.
“Esto es increíble, la gente está finalmente tomando en sus manos el debate político”, ha dicho Zoe, una estudiante de literatura antigua de 19 años mientras rondaba por la zona, según reporta un cable de la agencia Reuters.
NO IRSE A CASA
El movimiento comenzó el 31 de marzo pasado, cuando un grupo de activistas decidió no irse a casa después de una marcha contra la reforma laboral.
Dicha reforma, impulsada por el gobierno socialista y considerada por sus detractores como sinónimo de precariedad acrecentada tuvo lugar en la Plaza de la República, a pocos metros del memorial a las víctimas de los atentados de 2015, dice un despacho de la agencia AFP.
La multitud que va de varios cientos a algunos miles de personas se ha reunido cada noche desde entonces en un encuentro espontáneo que mezcla teatro callejero, fiesta y ritual de iniciación para una nueva generación de activistas, señala el despacho de Reuters.
Esta original protesta convoca a personas de todo tipo que se sienten descontentas en torno a debates que versan sobre toda clase de asuntos: la Constitución francesa, las protestas contra la violencia callejera y las reformas laborales, entre otros muchos asuntos.
HOLLANDE, NO DUERMAS
Nuit Debout es un problema para Hollande. Esto, porque los que protagonizan las protestas son en su mayoría quienes le votaron en 2012.
Y esos votantes dicen ahora: “Fuimos engañados. Nunca más”, según aseguró el legislador socialista Malek Boutih al diario Le Monde.
A Lili, de 22 años, le “deprimía” desde hace meses el ambiente de “fin de reino” que planeaba sobre la escena política francesa; ahora vuelve a confiar en el futuro gracias a la Nuit Debout.
“Es bello e impresionante escuchar a todo el mundo”, confía Lili, estudiante de ciencias sociales que desde los 16 años ha tenido que trabajar en diversos empleos mal pagados y como muchos jóvenes siente “pánico” por su futuro.
Y no es para menos: en Francia, hoy la tasa de desempleo entre los jóvenes alcanza el 25%.
Laurent, de 42 años y quien trabaja en el sector cultural, asegura que desde hacía años no votaba, frustrado por los políticos a los que considera desconectados de sus preocupaciones. Pero desde el inicio del movimiento Nuit Debout, ha vuelto a encontrarle el gusto a la política.
Resulta llamativo mirar en el centro de París, cómo ha surgido entre tiendas de plástico y puestos ambulantes, un pequeño mundo organizado, que cuenta con una cantina a precio libre, un puesto de bienvenida de voluntarios o una enfermería.
Hay reminiscencias aquí del movimiento asambleario del 15M en Madrid o en la plaza Taksim en Turquía en los gestos y los signos para expresarse y comunicar.
Las reivindicaciones reclamadas versan sobre todo y para todos: feminismo, defensa de los migrantes, ecología, causa palestina, lucha contra la corrupción o contra la globalización.
De momento, el movimiento crece, se expande hacia otras ciudades francesas. Sin embargo, en el aire flota una incertidumbre: después de esto ¿qué? Las ilusiones de los grandes movimientos indignados que se diluyeron o se transformaron quedan como una interrogante en el aire.
(Basado en servicios internacionales)
