Jaguares son protegidos en comunidad del lago Alajuela

Jaguares son protegidos en comunidad del lago Alajuela
Tras la huella del jaguar

El proyecto ecoturístico La Huella del Jaguar, desarrollado en la comunidad de Quebrada Ancha #2, en el lago Alajuela, ha enseñado a los lugareños a convivir con el felino en peligro de extinción y a convertir su presencia en fuente de ingresos como un atractivo para los turistas.

Bajo un sol envolvente, la lancha corta el agua dejando una estela de espuma por la ferocidad del motor.

La travesía por el lago Alajuela en el Parque Nacional Chagres se inicia en el puerto El Vigía, en Colón, donde los estragos de la sequía obligan a los viajeros a caminar por los retoños de un herbazal que solía estar cubierto por la masa acuática dulce, antes de subirse en la pequeña embarcación.

Se navega interceptando un tramo de la subcuenca del río San Juan de Pequení y reincorporándose en el apacible y artificial lago Alajuela, responsable de controlar las inundaciones durante la construcción del Canal de Panamá. En 45 minutos se divisa tierra para emprender una marcha de una hora y, oficialmente, entrar al sendero Colibrí Ermitaño, que lleva a la comunidad de Quebrada Ancha #2.

Todos por allí saben que este sitio es el hogar del jaguar (Panthera onca), el felino más grande del continente americano, cuyo poderío en el reino animal solo ha sido amedrentado por el rifle de los campesinos que protegen su ganado o por cazadores furtivos en busca de trofeos.

En Quebrada Ancha #2, el jaguar puede caminar de forma más segura. No le hacen daño, puesto que la comunidad ha sido concienciada sobre la importancia de su papel en el ecosistema, y está dispuesta a compartir su territorio. Vivir en armonía. Allí han cambiado su forma de vida por la agricultura, la pesca y el desarrollo de un proyecto ecoturístico alrededor del jaguar.

“El jaguar no representa peligro para los humanos”, reitera el biólogo panameño Ricardo Moreno, especialista en el comportamiento de la icónica especie entre los felinos.

El jaguar acelera el paso cuando siente la presencia humana, nos evade por instinto. “Si el jaguar comiera gente ya no estaríamos vivos mis compañeros y yo”, bromea Moreno, quien se ha encargado de seguirle la huella al jaguar en Panamá para sus investigaciones como asociado del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales y en la Fundación Yaguará Panamá.

Conozca en qué consiste el plan piloto que intenta preservar la vida del jaguar en Panamá.


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