Durante casi tres horas caminamos la ciudad antigua de Jerusalén. El recorrido empezó –luego de pasar por una breve revisión en las garitas de seguridad– por el Muro de las Lamentaciones, el sitio más sagrado para los judíos.
En este lugar, por el cual transitan miles de turistas y feligreses diariamente, los hombres y mujeres oran por separado.
Son 60 metros de longitud de pared en la que la gente se inclina para rezar.
Sin embargo, el muro –que a través de los años quedó cubierto por la construcción y reconstrucción de esta ciudad– se extiende casi 500 metros. De modo que se habilitó un acceso para recorrer lo que hoy se conoce como los túneles del muro.
Tras la visita a los túneles, acondicionados para los visitantes, llegamos a la vía Dolorosa, por donde caminó Jesús antes de ser crucificado.
A ambos lados de la estrecha vereda hay cientos de comercios donde encuentra de todo: pañuelos, maletines, llaveros, zapatos, ropa, celulares, joyas, comida y casas de cambio.
Los vendedores se abalanzan al público ofreciendo la mercancía expuesta.
Es mediados de noviembre. La última y siguiente parada del grupo de 26 periodistas latinoamericanos que hicimos el recorrido –como parte del curso sobre las zonas de conflicto en Israel– fue la Basílica del Santo Sepulcro.
El templo es un sitio sagrado para el cristianismo. Miles de fieles provenientes de países como Rusia, Estados Unidos, España, entre otros, visitan y se sacan fotos en la parte interior de la iglesia. Algunos se arrodillan por horas frente a los altares.
