COMPETENCIA. UNAS JUSTAS DE ALTURA.

Los Juegos de la dignidad

Pocas veces en unas olimpiadas recientes se había impuesto el espíritu deportivo sobre el dinero y el dopaje. Río 2016: donde el atleta recuperó su esencia.

Los Juegos de la dignidad
La colombiana Catherine Ibargüen celebra tras su triunfo en el salto triple.

Anticipaban los profetas del apocalipsis que los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro iban a recordarse entre los mayores fiascos de la historia del deporte.

Sustentaron sus predicciones en las manifestaciones de la Policía carioca a principios de julio dentro del aeropuerto internacional de Galeão, de la ciudad anfitriona de las justas deportivas. Los gendarmes escribieron en pancartas una invitación nada sugestiva que decía “Bienvenidos al infierno”.

Quisieron sacarle provecho político a la inauguración de la cita, sobre todo al momento del abucheo contra el discurso breve del presidente interino Míchel Temer, cuando él expresó que “después de este maravilloso espectáculo declaro inaugurado los XXXI Juegos Olímpicos”.

Una vez iniciado el certamen, algunos atletas de las potencias más desarrolladas, pertenecientes a los representativos de los países llamados a llevarse la mayor cantidad de preseas, empezaron a publicar fotografías en las redes sociales sobre el estado de las instalaciones y de las habitaciones de la Villa Olímpica. Otros más repitieron las imágenes de las condiciones de las bahía de Guanabara, escenario de las pruebas de remo.

Sin embargo, hasta la fecha todo les ha salido al revés a aquellos prestidigitadores, y como dicen en los salones de belleza, se quedaron con los crespos hechos.

Al margen del presupuesto de las justas de Río en comparación con las más recientes, porque según el portal de Forbes México estas olimpiadas ocupan el quinto lugar detrás de Beijing, Londres, Atenas y Barcelona, los réditos deportivos se aprecian ya en el número de récords. Hasta el cierre de la presente edición se habían batido 21 registros del mundo y 59 de carácter olímpico, según el portal oficial de Río de Janeiro 2016.

La piscina del parque acuático María Lenk se tiñó de verde y alcanzó el tono de una limonada por culpa de un empleado, que según se sabe dejó derramar peróxido de hidrógeno.

No obstante, los clavadistas y las participantes de nado sincronizado hicieron caso omiso y estuvieron sin excepción competidores de 28 y de 24 nacionalidades respectivas en ambas modalidades.

Rafael Nadal se quejó en la primera ronda de la ubicación del tablero en la cancha número uno de tenis. Según el español, se dificultaba ver en detalle la trayectoria de las bolas toda vez que había un cartel que se hallaba “demasiado centrado”. Aludió, además, a los brillos y la luz que impedían la visión de la pelota.

Pese a las advertencias, quienes alcanzaron las medallas plateada y dorada del deporte blanco jamás presentaron reproches y, por el contrario, jugaron una final de ensueño. Se impuso el británico Andy Murray sobre el argentino Juan Martín del Potro. El abrazo de ambos una vez concluyó el partido despejó todas las dudas sobre la categoría de la competencia.

La asignatura pendiente por ahora se halla en la clasificación de medallas. Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 posicionaron a América Latina en el quinto lugar del medallero, si el subcontinente figurara como un solo país. América Latina alcanzó hace cuatro años un total de 18 preseas de oro, 21 de plata y 32 de bronce.

Hasta la fecha, en Río 2016, esa gran nación latinoamericana suma un total de 24 insignias y se encontraba hasta anoche en la casilla número 8.

Nada ni nadie pueden hablar mal de las condiciones de la pista del estadio olímpico Joao Havelange. Además de Usain Bolt, el astro solar del atletismo, otras estrellas de este deporte se sintieron a gusto en el recinto, en particular el pasado domingo, cuando el jamaiquino se alzó con su tercera dorada en serie en los 100 metros planos desde Beijing 2008.

El sudafricano Wayde Van Niekerk rompió el récord mundial y olímpico en los 400 metros planos. Y la colombiana Catherine Ibargüen y la venezolana Yulimar Rojas ocuparon el primero y el segundo lugar del podio de salto triple, respectivamente.

Lo mejor de estos Juegos Olímpicos de Río de Janeiro es que preceden a los de Tokio 2020, cuyo comité organizador prometió ya unas olimpiadas en las que sobresalga el espíritu deportivo sobre los aspectos presupuestarios o del mercadeo.

Prometen un costo absoluto de $8 mil 300 millones. Estos, de Río 2016, se cifran en $15 mil millones.


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