Los diputados brasileños votaron ayer por el juicio político a la presidenta Dilma Rousseff, heredera de Lula da Silva, y dejaron al borde del precipicio a la experiencia más emblemática del ciclo de gobiernos de izquierda en América Latina.
“Los golpistas vencieron aquí en la Cámara”, pero “esta derrota provisoria no significa que terminó la guerra”, dijo a periodistas el líder de la bancada oficialista en la Cámara, José Guimaraes, cuando los partidarios del impeachment llevaban una ventaja de más de 200 votos.
El “Sí” al proceso político recogió los 342 votos necesarios (dos tercios del total) para aprobar la moción de destitución, cuando el “No” obtenía 135 y faltaban por votar 35 legisladores.
La moción de proceso de destitución debía recoger la aprobación de 342 diputados de un total de 513.
La apertura de un juicio político contra la mandataria del Partido de los Trabajadores (PT) debe ser ratificada aún por el Senado. En ese caso, asumiría el poder el vicepresidente Michel Temer, inicialmente por un periodo máximo de seis meses, pero completaría el mandato hasta 2018 si los senadores declarasen finalmente culpable a Rousseff.
Los legisladores brasileños que abogan por la salida de la presidenta Dilma Rousseff consiguieron la delantera anoche, con un amplio margen en la votación para el juicio político de la mandataria y una reducción de un periodo que se extendía hasta 2018.
Luego de más de cuatro horas y media de votaciones, el grupo a favor del juicio político tenía una ventaja de 300 a 104.
Si 342 de los 513 miembros de la Cámara de Diputados votaban a favor, la medida pasaría al Senado para un posible juicio. Si los senadores votaban a favor de sostener un juicio, Rousseff sería suspendida y el puesto pasaría a manos del vicepresidente Michel Temer.
Un aliado cercano de la presidenta lamentó que muchos de los colegas de Rousseff la “traicionaron”.
“Fue un efecto rebaño, y muchos [legisladores] nos traicionaron. Fue una doble derrota”, lamentó el legislador Orlando Silva, del Partido Comunista Brasileño, un partidario cercano de Rousseff.
Luego de más de 40 horas de debate que se inició el viernes, los legisladores de la cámara baja del Congreso comenzaron a votar uno a uno la tarde de ayer, la culminación de meses de jaloneos políticos que exhibieron la profunda división política en la nación más grande y la economía más poderosa de Latinoamérica.
El presidente de la cámara, Eduardo Cunha, quien encabeza el movimiento de juicio político, llamó uno a uno a los otros 512 diputados, dándoles tiempo para hablar antes de votar.
Luego de cada voto se escucharon aplausos y abucheos, mientras los legisladores veían la pizarra con el conteo de sufragios.
Luiz Carlos Hauly, diputado del Partido de la Social Democracia Brasileña, el principal opositor, dijo que Rousseff tenía que irse.
“En Europa cambian de gobierno cuando no cuenta con la mayoría”, afirmó. “El gobierno no la tiene. No tiene los medios para gobernar”.
Simone Morgado, miembro del partido Movimiento Demócrata Brasileño, dijo que quienes proponen el juicio político intentan derrocar a una presidenta elegida democráticamente.
“Dado que Dilma no cometió ningún delito, como muchos en esta cámara, que no tiene vergüenza, voto que no”, dijo.
La sesión extraordinaria es la conclusión de meses de pugnas, que prácticamente han paralizado al Gobierno y dividido al país, en que los dos bandos intercambiaban acusaciones de “golpistas” y “ladrones”.
MANIFESTANTES
Afuera de la legislatura, oleadas de manifestantes a favor o en contra del juicio político se lanzaron hacia la capital, Brasilia, provenientes de todo el país.
Un muro de metal de más de un kilómetro de extensión fue instalado a fin de mantener a los dos grupos separados por seguridad.
La gente de ambos bandos seguía los resultados de las votaciones en enormes pantallas, aplaudiendo o abucheando de acuerdo con su tendencia política.
Patricia Santos, una maestra jubilada de 52 años, se presentó afuera del Congreso y dijo que estaba molesta con el statu quo y quiere la salida de Rousseff.
“Queremos que nuestros políticos sean menos corruptos, así que esperamos que al llevarla a juicio político enviemos una señal a todos ellos”, afirmó Santos. “Sabemos que todos los partidos están involucrados en la corrupción, pero el [gobernante] Partido de los Trabajadores ha encabezado esto durante 13 años, así que debe irse”.
Miles se unieron a las manifestaciones, a favor o en contra del gobierno, en otras ciudades del país.
En la playa Copacabana de Río de Janeiro, miles de personas a favor del gobierno se manifestaron en medio de la fuerte música que sonaba en las bocinas de un camión.
Jader Alves, un jubilado de 67 años, prometió que si Rousseff es destituida, volvería a las calles.
“Mi presidenta fue elegida en 2014 y permanecerá en el gobierno hasta 2018, sin importar lo que suceda”, afirmó Alves.
En discursos de los líderes de los 25 partidos en la Cámara de Diputados, los legisladores se mostraron a favor del juicio político como un necesario nuevo inicio para Brasil, y hubo quienes también lo criticaron, diciendo que era una usurpación ilegal del poder.
“Brasil está sumergido en graves crisis políticas, éticas y sociales”, dijo Fernando Coelho Filho, representante del estado nororiental de Pernambuco.
“Le tengo mucho respeto a la presidencia, pero ha perdido autoridad y credibilidad para encabezar siquiera un mínimo esfuerzo para sacar al país de esta situación”.
Daniel Almeida, representante del estado de Bahía, estuvo de acuerdo en que el país está sumido en varias crisis, pero insistió en que el juicio político no es la solución.
“¿A través de un gobierno ilegítimo, sin votos? ¿Esa es la salida?”, le preguntó a los demás legisladores.
La presidenta de Brasil afronta el juicio político por las acusaciones de que incumplió las normas fiscales.





