En 1983, cuando Evan Wolfson buscaba graduarse de abogado de la Universidad de Harvard, argumentó en su tesis por qué no podían aceptar que la Corte Suprema de Estados Unidos (EU) negara a las personas del mismo sexo la posibilidad de casarse.
No podían aceptar ese no, según Wolfson, porque el matrimonio es algo esencial para el desarrollo de todo ser humano. La Constitución de EU, recordó Wolfson, dice que todos tienen los mismos derechos, por lo que no había manera de negárselos a la comunidad LGTB (lesbianas, gais, transexuales, bisexuales).
Pero eran tiempos difíciles para los activistas de esa población. La Corte se negaba a reconocer el matrimonio igualitario, hacía falta sensibilizar a la población sobre el tema. En medio de ese escenario, fundó Freedom to Marry, para empujar estrategias a favor de esa causa.
Wolfson fue uno de los oradores del foro Derechos Humanos de las personas LGTB y la no discriminación, que organizó la Fundación Iguales la semana pasada.
¿Por qué en la década de 1990 Hawái fue bandera de esa lucha?
Hawái fue un momento decisivo, de cambio del discurso y del reclamo de derechos. Fue la primera vez que una corte decidió escuchar el mensaje de amor, inclusión e igualdad de las parejas. Y le pide al Estado una razón por la cual negar estos derechos. Desde la perspectiva de que veníamos de haberlo perdido todo, con Hawái se ganaba. Hawái generó una ola de cambio en EU. Inspiró y motivó a muchas personas, no solo a gais, sino a amigos y familiares de personas gais, a que había una esperanza. Fue la primera vez que los heterosexuales empezaron a pensar en la posibilidad de que se diera el matrimonio igualitario, y empezaron a cuestionarse sobre una nueva realidad aparentemente posible. Y empezó el debate.
¿Cuál fue la estrategia de la comunidad hasta llegar a 2015, cuando la Corte falló a favor del matrimonio igualitario?
Las personas heterosexuales cayeron en cuenta de que los gais tienen los mismos sueños, vicisitudes, problemas y aspiraciones. Que los gais tenemos los mismos sueños de encontrar una pareja y de ser parte de una comunidad. Se desarrolló la idea de la humanidad común, pues no hacíamos énfasis en hablar del matrimonio gay o igualitario, sino simplemente matrimonio. Porque es lo mismo, es una institución que para todos tiene los mismos beneficios, desafíos y compromisos.
¿Qué factor ha incidido para que jueces conservadores en distintos países accedieran a respaldar el matrimonio entre personas del mismo sexo?
Se ha respaldado en 25 países. Mil millones de personas viven en algún lugar donde hay matrimonio igualitario. Se ganó, ya sea a través de las cortes, de procesos legislativos y con el voto popular. Pero en la mayoría se dio con jueces o autoridades conservadoras o de centro. En Malta, Alemania y Australia, los tres gobiernos han sido de centro o de centro derecha.
Quienes se dicen conservadores creen en valores de familia, en la responsabilidad, y justamente a eso llama el matrimonio igualitario: a respetarse, a apoyarse, y eso va con los valores conservadores.
Y un elemento importante aquí es que el Estado no tiene que decirte qué es lo que tienes que hacer o con quién estar. Más bien te debe dar la libertad para que escojas con quién estar.
¿Qué le dice a la Corte panameña que analiza el tema?
Debe moverse rápido. Cada día que se demora, es un día que no se le reconoce la dignidad, la personalidad y la participación en sociedad a las personas gais. Es un día en que un padre o una madre puede morir sin ver casado a su hijo o hija.
Cada día que pasa y que la Corte no decide, es un día más en que los niños de parejas del mismo sexo no tienen la protección bajo la ley.
¿Qué cambios ha tenido la sociedad estadounidense a partir del fallo de 2015?
Todos los años, cuando se conmemora el matrimonio igualitario, se publican nuevas encuestas, y en todas ha ido creciendo el apoyo al matrimonio igualitario. La mayoría de aprobación está entre la población de 65 años o más, que fue una de las que más se opuso; 44 de los 55 estados lo apoyan; creció en la población evangélica menor de 55 años, y hay un récord entre católicos.
Las personas han visto que esto no afecta a nadie, que, al contrario, fortalece las familias. Más de un millón de personas se han casado a partir de que se reconoció el matrimonio igualitario.
¿Qué tanto se ha dificultado el activismo en favor de la diversidad sexual en la era Trump?
Sí es más difícil. Pero también lo es para todos los que creen en la democracia, en el Estado de derecho, en la paz mundial, en el ambiente. Se hace más difícil vivir en Estados Unidos y formar parte de una sociedad. Entonces sí es un problema para la población LGTB. Pero este régimen ha generado que diferentes grupos se junten para defender los valores comunes del pueblo americano.
¿Qué piensa de los políticos que le dan la espalda al matrimonio igualitario para ganar votos?
Es una vergüenza. Cualquier político que utiliza el miedo y la discriminación para subir en encuestas o generar votos en cualquier espacio, da vergüenza. Cada día son más los que no aceptan eso de usar la política para dividir a la sociedad y esas personas van a pasarle factura a esos que están buscando dividir en vez de unir.
¿Fue lo que pasó en Costa Rica?
Sí, en Costa Rica, donde la Corte Interamericana de Derechos Humanos tomó una excelente decisión en cuanto al reconocimiento de las parejas gais, vimos cómo políticos usaron esto para subir en las encuestas, pero fue momentáneo. Fue un momento que bajó con mucha fuerza, porque la mayoría rechaza ese tipo de plataformas.
