Fernando Haddad escuchó en tercera fila el histórico discurso con el que Luiz Inacio Lula da Silva se despidió horas antes de entrar a prisión, en abril pasado. Ni los mayores elogios ni los agradecimientos más sentidos fueron para él, pero a partir de este martes el correcto exalcalde de Sao Paulo tendrá ante sí el reto más delicado: sustituir al líder.
Casi al filo del plazo dado por la justicia electoral, Lula (2003-2010) dio luz verde para que quien fuera su ministro de Educación en los años dorados de sus gobiernos asuma una misión que muchos ven casi imposible.
Ni la cárcel ni los escándalos que detonaron a su Partido de los Trabajadores (PT) o la crisis económica bajaron al patriarca de la izquierda del primer puesto de los sondeos.
Pero el medido Haddad, un abogado y exprofesor universitario de 55 años de edad, criado en Sao Paulo, no es Lula, y ahí están las encuestas para recordárselo.
Pese a haber mejorado, solo el 9% de los electores le eligen por el momento como su candidato, según el sondeo Datafolha publicado este lunes.
Y apenas le quedan cuatro semanas para convencerles.
