Millones de personas siguieron ayer por televisión la comparecencia de ocho grandes magnates surcoreanos, incluyendo al máximo responsable de Samsung, ante una comisión que investiga el escándalo de corrupción en torno a la presidenta Park Geun-hye.
El caso que tambalea la política surcoreana gira alrededor de Choi Soo-Sil, confidente e íntima amiga de la presidenta, que habría usado su influencia sobre ella para enriquecerse e influir en sus decisiones políticas.
“¿Usted sabe algo?”, espetó un diputado a Lee Jae-Yong, patrón de facto de Samsung, que niega estar al corriente de las donaciones que su empresa hizo a una fundación que pagaba cursos de equitación para la hija de Choi.
El vicepresidente de Samsung Electronics y de facto máximo responsable de todo el grupo intentó esquivar las preguntas con expresiones de remordimiento y contrición.
“Tengo muchos puntos débiles y Samsung tiene cosas por corregir”, admitió Lee cuando le preguntaron sobre la connivencia de los grandes conglomerados surcoreanos, los llamados chaebols, con Choi.
“Es difícil para las corporaciones rechazar una petición de la Casa Azul”, la sede de la presidencia, admitió Huh Chang-Soo, el presidente de GS Group cuando se refería a la influencia de dichos chaebols.
Choi Soon-Sil está esperando a ser juzgada por coacción y abuso de poder, mientras que la presidenta Park se enfrenta el próximo viernes a un voto de censura en el parlamento que con toda seguridad apoyarán 30 miembros del Saenuri, su propio partido.
