Miles de personas formaron ayer una cadena humana de más de 200 kilómetros de largo para tener el derecho de decidir sobre la independencia del País Vasco.
Los manifestantes se tomaron de las manos o extendieron bufandas entre ellos para formar la cadena humana que conectaba las ciudades de San Sebastián, Bilbao y Vitoria, la capital de la comunidad autónoma.
Las bufandas tenían escrito la frase en vasco “Está en nuestras manos”.
Los organizadores informaron que 175 mil personas participaron, incluidos políticos independentistas vascos y catalanes, así como activistas. La Policía no ofreció una cifra oficial de participantes.
La manifestación ocurrió un mes después de que el grupo extremista vasco ETA anunció su disolución.
El gobierno central de España se ha rehusado a permitir un referendo oficial sobre la secesión de la región de Cataluña, cuyos líderes hicieron una fallida declaración de independencia el año pasado.
El País Vasco, con una cultura y un idioma propios, ha intentado tradicionalmente conseguir una mayor autonomía respecto a España.
Un movimiento independentista pacífico ha crecido en la región, inspirado en parte por las multitudinarias manifestaciones en Cataluña, y que ahora pretende tomar un impulso tras la disolución de ETA.
La organización vasca anunció el 3 de mayo su fin definitivo, dejando atrás décadas de atentados que dejaron más de 800 muertos en su lucha por la independencia del País Vasco.
“Hemos demostrado que queremos decidir el futuro político de este país, que tenemos la necesidad de decidir y que tenemos miles de razones que nos afectan en nuestro día a día”, afirmó Ángel Oiarbide, portavoz de la plataforma, que leyó un manifiesto en Vitoria, capital del País Vasco.
La protesta “demuestra que estamos ante un pueblo activo y vivo que quiere decidir democráticamente”, afirmó ante periodistas la presidente del Parlamento vasco Bakartxo Tejería, del Partido Nacionalista Vasco (PNV), gobernante en la región.
