Los miles de manifestantes iraquíes que este fin de semana se tomaron por asalto el Parlamento y la Zona Verde de Bagdad amenazaron ayer con volver a hacerlo si los legisladores no aprueban un nuevo gobierno para luchar contra la corrupción en el país árabe.
Irak atraviesa una grave crisis política desde hace semanas. Numerosos partidos se oponen al proyecto del primer ministro de poner en marcha un gobierno de tecnócratas, por miedo a perder algunos de sus privilegios.
Los manifestantes, muchos de ellos seguidores del influyente dignatario chiita Moqtada Sadr -cuya milicia se desplegó en las inmediaciones del Parlamento el sábado por la noche- se retiraron de la zona, pero amenazan con volver a bajar a las calles de la capital si sus exigencias no son satisfechas.
Sadr apoya los esfuerzos del primer ministro chiita Haider Al Abadi para que el Parlamento apruebe un equipo gubernamental formado por tecnócratas que, según él, llevarán a cabo reformas contra la corrupción.
Parece poco probable que los legisladores iraquíes puedan volver a reunirse esta semana, tras los acontecimientos recientes, pues la sede parlamentaria requiere de una profunda limpieza y restauración tras los destrozos causados por los manifestantes.
Después de los disturbios del pasado sábado, Abadi ordenó que los causantes de los alborotos sean procesados judicialmente, pero las fuerzas de seguridad luego guardaron distancia con los manifestantes el domingo en la Zona Verde.
Desde su llegada al poder en septiembre de 2014, Abadi enfrenta una dura oposición de parte de su predecesor, Nuri al Maliki.
