Más de un millón de personas asistieron ayer en Manila, a pesar de la amenaza de atentados, a la procesión anual del Nazareno Negro, una de las más impresionantes manifestaciones de devoción católica.
Los fieles están convencidos de que la efigie de Jesucristo, que carga sobre sus hombros una gran cruz negra, posee poderes milagrosos y puede curar enfermedades y aportar buena fortuna.
“Si usted tiene deseos, serán escuchados si reza mucho”, explica a la AFP Lolit Gonzales, de 45 años, sentada en la acera después de haber cumplido su turno tirando del carro que transporta las figuras.
Alrededor, la muchedumbre intenta acercarse lo más posible, para luego encaramarse en los hombros del vecino más cercano para abrazar al ícono, y frotarlo con un trapo blanco.
Gonzales, una esteticista de 45 años, está convencida de que el haber participado hace dos años en la procesión fue lo que la curó de un problema en una rodilla que, según los médicos, era necesario operar y utilizar medicamentos, cosas que su economía no le permitían.
Ayer participó nuevamente en el paso para estar segura de que su enfermedad no volverá a afectarla, puesto que no cuenta con cobertura sanitaria y su salario es el único ingreso familiar.
Muchos de los fieles hicieron la procesión descalzos, en tanto los termómetros superaban los 30ºC. Una muestra de penitencia para recrear los sufrimientos de Jesús de Nazaret en su camino de la cruz.
La estatua es llamada el Nazareno Negro por su color oscuro debido, según la leyenda, al incendio del navío que la transportó desde México a comienzos del siglo XVII.
La creencia en sus virtudes milagrosas se ha reforzado al cabo de los siglos puesto que ha sobrevivido a varios incendios y terremotos, así como al bombardeo de Manila en 1945.
Todos los años es sacada durante una jornada de la basílica del Nazareno Negro, en el barrio de Quiapo.
Detrás del carro, réplicas de la cruz siguen al cortejo en su lenta procesión. Un pequeño camión transporta monjas de hábito blanco que rocían a los peregrinos con agua bendita, en tanto recitan plegarias en español.
Los católicos filipinos, el 80% de la población del archipiélago, viven su piedad de manera apasionada.
El presidente Rodrigo Duterte, quien nunca ha sido claro en cuanto a sus convicciones religiosas y no duda en criticar a la Iglesia filipina, no obstante, envió un mensaje de aliento a todos los fieles.
“Los rezos tienen todas las chances de ser escuchados puesto que jamás renunciamos a pedirle a Dios que realice nuestros deseos”, declaró el presidente.
“He aquí el testimonio fenomenal de la fe de millones de fieles, que expresan cada 9 de enero su gratitud, sus súplicas y sacrificios al Nazareno Negro”, añadió.
