Entre el sonido de tambores, saxofones y llantos, los mexicanos comenzaron a despedir a las víctimas de dos desastres naturales: 65 fallecidos por uno de los más poderosos sismos registrados en un siglo y 2 tras el paso del huracán Katia.
Juchitán, en el estado sureño de Oaxaca, fue la localidad más afectada con 36 fallecidos tras el sismo de magnitud 8.2 que destruyó innumerables casas, edificios y negocios.
El dolor de las familias convergió ayer sábado en uno de los cementerios de Juchitán, donde varias procesiones de dolientes coincidieron desde la mañana.
Los restos de paredes caídas y tejas de los techos se extendían por las calles, donde familias buscaban algún espacio para colocar colchones y poder pasar la noche.
Rescatistas buscaban ayer a sobrevivientes con la ayuda de perros y maquinaria en la plaza principal, donde parte del edificio de la presidencia municipal se cayó. El gobierno federal declaró tres días de luto por la tragedia.