El presidente interino Michel Temer prometió ayer a los brasileños recuperar la credibilidad del castigado país y rescatarlo del abismo económico, en su discurso inaugural tras la suspensión de la mandataria Dilma Rousseff.
Rodeado de su flamante Gabinete enteramente masculino de 24 ministros en el Palacio de Planalto, sede de la presidencia, el ex vice de Rousseff devenido en su enemigo, ofreció palabras de esperanza a los brasileños y pidió confianza en la capacidad de la mayor economía latinoamericana para superar la peor recesión en décadas. “Es preciso recuperar la credibilidad de Brasil en el escenario nacional e internacional” y adoptar medidas que corten el gasto público y atraigan inversiones para combatir la elevada inflación y el creciente desempleo, dijo Temer, un astuto y discreto abogado constitucionalista de 75 años, experto en los corredores del poder.
En un contexto de elevada politización entre partidarios y detractores del juicio político, el nuevo presidente interino aseveró que “es urgente pacificar la nación y unificar Brasil” y que llevará a cabo un “gobierno de salvación nacional”.
Brasil tuvo el año pasado una fuerte contracción de 3.8% del PIB, la mayor en 25 años, y este año el retroceso se anticipa igual o peor. Con un crecimiento cero previsto para 2017, los expertos indican que la mayor economía latinoamericana se encamina a su peor recesión en un siglo.
