Cientos de miles de personas marcharon ayer en la ciudad de México para oponerse al intento del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Los organizadores del Frente Nacional por la Familia calcularon que al menos 215 mil personas participaron y, aunque ese número no se pudo comprobar de inmediato, ha sido claramente una de las marchas de protesta más grandes en México en años recientes.
Vestidos en su mayoría de blanco y con globos del mismo color, los manifestantes sostenían carteles con advertencias contra el matrimonio gay y exigían el derecho de los padres de controlar la educación sexual en las escuelas.
“No estamos en contra de la identidad [sexual] de nadie”, dijo Abraham Ledesma, un pastor evangélico que viajó de la ciudad limítrofe de Reynosa, frontera con McAllen, Texas, para participar en la marcha de ayer.
De “lo que estamos en contra es la imposición del gobierno (...) de enseñar la ideología de género en las escuelas. Como líderes religiosos, no queremos ser obligados a casar personas del mismo sexo bajo la figura del matrimonio”. Otros portaban carteles que decían: “Los niños adoptivos necesitan un papá y una mamá”.
En el otro lado de la barricada policial que separaba ambos lados del monumento del Ángel de la Independencia, un grupo mucho más reducido de partidarios del matrimonio gay –probablemente unos 200– escuchaban música y discursos. “Pueden ser mayoría”, expresó Felipe Quiroz, un activista homosexual y maestro de escuela.
Muchos consideraron la enorme marcha como una forma de la Iglesia católica de ejercer su poder político en un país en donde 80% de la gente se identifica como católica.
En mayo pasado, Peña Nieto propuso legalizar el matrimonio del mismo sexo en todo el país. En la actualidad, solo es legal en algunos lugares, como la Ciudad de México, el estado norteño de Coahuila y el estado en la costa caribeña de Quintana Roo.
