Un año y medio le tomó a Panamá y Colombia alcanzar un acuerdo en materia fiscal. Ayer, y tras una jornada de negociaciones que se extendió por más de siete horas, los países accedieron a firmar un tratado para evitar la doble tributación, que incluye una cláusula de intercambio de información fiscal a requerimiento.
Una vez culmine la etapa de redacción de los textos finales del acuerdo, la intención es que los presidentes Juan Carlos Varela y Juan Manuel Santos firmen el tratado el próximo mes de junio.
El ministro de Economía y Finanzas, Dulcidio De La Guardia, subrayó que de ahora en adelante se transitará hacia un intercambio automático de información fiscal a partir de 2018, de acuerdo con los estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
De La Guardia afirmó que para Panamá es importante la confidencialidad de la información que sea requerida.
En este sentido, el ministro de Hacienda de Colombia, Mauricio Cárdenas, aseguró que la información que se reciba de los contribuyentes colombianos establecidos en Panamá solo será utilizada “para propósitos fiscales o tributarios y para ningún otro”. Al margen de no conocer cuánto se espera recaudar, consideró que se trata de “cifras importantes”.
“Para los colombianos que tienen ingresos o activos en Panamá es importante que aprovechen la oportunidad que tienen en este momento de normalizar y regularizar su situación pagando una penalidad de 11.5%”, dijo Cárdenas. Una vez que se inicie el intercambio automático de información en 2018, quienes no declararon propiedades o activos la tasa de penalización aumentará a 200%.
El silencio de los ministros
La sesión de ayer entre los ministros y sus equipos tuvo lugar en el marco de la LVI reunión ordinaria de la Asamblea de Gobernadores del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), en la que justamente De La Guardia recibió la presidencia de manos de Cárdenas.
Casi automáticamente finalizó este acto protocolar, los ministros y sus equipos, entre los que se encontraban los directores de las respectivas administraciones tributarias, se sentaron a negociar en el salón Mystic Point del hotel Hilton. Eran las 11:55 a.m.
Esta instancia en el proceso de negociación fue extraordinaria a la que los equipos técnicos de cada país iniciaron en octubre de 2014 y concluyeron hace dos semanas en Bogotá, Colombia. Allí quedaron temas inconclusos, que solo podían resolverse en un nivel político de ministros.
Y el nudo parecía más atado de lo pensado. Tanto así que la delegación colombiana se vio obligada a cambiar la hora de su vuelo de regreso a casa a medida que avanzaban las negociaciones.
Aunque existía un pacto de confidencialidad mientras la negociación del acuerdo estuviera en curso, el hermetismo y las caras serias de cada miembro de la delegación alimentó la expectativa y la incertidumbre de lo que sucedía a puertas cerradas.
Al cabo de unas tres horas hubo una primera pausa para que ambas delegaciones analizaran las cartas que estaban sobre la mesa. Colombia se instaló en el salón Twist, contiguo al Mystic Point. “Paciencia, paciencia”, pidió Cárdenas a los medios de comunicación.
Allí, silencio. Unos metros más allá, el murmullo constante de la asamblea del BCIE.
Media hora después, a las 3:45 p.m., De La Guardia saldría en busca de su par colombiano: “Estamos listos”, le dijo. De vuelta al salón principal.
Durante la segunda ronda de la reunión, los miembros de cada equipo entraban y salían en completo silencio y casi sin mirar a los medios presentes: hablaban por celular, gesticulaban. La falta de consenso era evidente.
Antes de las 5:00 p.m. terminó la segunda sesión, y Colombia volvió a su salón. Esta vez el debate interno de cada equipo duró menos. Veinte minutos después sería Cárdenas quien tocaría la puerta del salón panameño: “¿Estamos?”, preguntó, y la negociación se reanudó.
Para cuando terminó la asamblea del BCIE, que había iniciado en la mañana, no había rastro o señal de consenso entre los dos países. Ya sobre las 6:00 p.m., la delegación colombiana salía del Mystic Point, para deliberar en un rincón del lobby lo que parecía una última propuesta de Panamá.
Para entonces, el reloj comenzó a jugar su papel protagónico en la negociación: el vuelo hacia Bogotá partía a las 9:00 p.m. y el acuerdo no parecía llegar. De acuerdo con la voz del lenguaje corporal, no parecía que la delegación colombiana viniese preparada para pasar una noche en Panamá: el acuerdo se tenía que cerrar ayer.
Recién sobre las 6:30 p.m. el nudo empezaría a desatarse. De La Guardia salió en busca de Cárdenas, que esperaba recostado a una pared: “Ok, listo”, le respondió al ministro panameño.
Las últimas conversaciones se dieron en el lobby. Todos miraban la hora cada cinco minutos: “Tenemos que salir a las 7:30 p.m. para llegar al vuelo de las 9:00 p.m.”, le advirtieron a Cárdenas.
Al cabo de ocho horas el acuerdo bilateral era una realidad; y la delegación colombiana llegó a tiempo al aeropuerto para tomar su vuelo a casa.



