El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, dejó al país estupefacto ayer al concluir un anunciado discurso televisado sin ofrecer su renuncia, como se anticipaba.
El partido oficialista, horas antes, le había dicho que tenía plazo para renunciar hasta antes del mediodía de hoy o, de lo contrario, sería sometido a juicio político.
Muchos zimbabuenses se disponían a salir a celebrar en las calles antes del discurso, y luego de que el partido expulsó como su líder a Mugabe horas antes.
El gobernante, empero, está dispuesto a desafiar al partido. Incluso, dio a entender que presidirá el cónclave del partido el mes entrante: “El congreso tendrá lugar en unas semanas. Yo presidiré sus procesos, que no deben quedar empañados por acto alguno diseñado a socavarlo o a comprometer sus resultados ante la vista del público”, indicó.
Mugabe pareció hacer referencia a la crisis política al declarar que “a partir de esta noche... la nación, a todos sus niveles, se reorientará”. Admitió que “errores del pasado” posiblemente han generado descontento “en ciertos sectores”, lo que calificó de “comprensible”.
Dijo que el “conflicto intergeneracional” debe resolverse, en aparente alusión a sus intentos de hacer que su impopular esposa, de 52 años –y a quien el partido también expulsó– lo reemplace.
Fuentes allegadas a las negociaciones habían dicho que Mugabe renunciaría en breve. Se esperaba en ese caso una extraordinaria caída para el más longevo jefe de Estado del mundo, quien ha jurado permanecer en el cargo hasta la muerte.
El Comité Central del partido oficialista ZANU-PF destituyó al líder de 93 años y quien ha gobernado el país los últimos 37 años. Además, nombró como jefe partidista al vicepresidente Emmerson Mnangagwa, quien había sido destituido por Mugabe.
Aferrado a un cargo, que ya no tiene poder alguno, Mugabe está negociando su esperada salida del poder con el comandante del Ejército que lo puso bajo arresto domiciliario. Mientras, el partido gobernante inició una reunión extraordinaria para cesar a Mugabe como su líder.
El comité central sustituirá a Mugabe con el vicepresidente Emmerson Mnangagwa, cuyo cese hace dos semanas provocó la intervención del Ejército, y vetará de por vida a la impopular primera dama, que hasta ahora era la máxima responsable de la facción femenina.
La apertura de un juicio político al presidente es otro paso que podría darse mañana, cuando el Parlamento reanude su actividad.
El diálogo entre Mugabe y el comandante Constantino Chiwenga será la segunda ronda de negociaciones para la salida del mandatario, mientras el Ejército intenta evitar las acusaciones de golpe de Estado.
