HEBE DE BONAFINI. PRESIDENTA DE MADRES DE PLAZA DE MAYO.

Mujer de luces y sombras

La activista argentina y su lucha fueron esenciales para el fin de la era militar. Hoy es investigada por una supuesta lesión al Estado.

Mujer de luces y sombras
Las manifestaciones lideradas por Hebe de Bonafini se hacían frente a la Casa Rosada.

Amada por unos y odiada por otros. Lo cierto es que Hebe Pastor de Bonafini luchó contra la dictadura cívico-militar de Jorge Videla (1976-1983), impulsada por el secuestro y desaparición de sus dos hijos a manos del Ejército argentino en 1977.

Ama de casa y con apenas educación primaria, Kika Pastor –como la llama su entorno más cercano– ideó en 1977, junto a otras 14 madres de detenidos y desaparecidos, las reuniones que se llevan a cabo desde hace 39 años, cada jueves, en la Plaza de Mayo de Buenos Aires.

En aquella fecha, cuando empezó el movimiento, todas las semanas se sumaban madres para protestar pacíficamente por la desaparición de sus familiares.

Así nació la Fundación de Madres de Plaza de Mayo, que fue seguida de cerca por el aparato de represión e inteligencia de la dictadura.

Incluso, la organización llegó a ser infiltrada por el represor Alfredo Astiz en diciembre de 1977, tras hacerse pasar por el familiar de una víctima. Su incursión y sus informes causaron la muerte de algunas madres y el asesinato de las monjas Léonie Duquet y Alice Domon.

En 1982, en España, durante un conversatorio, Bonafini reconoció lo modesta que era su vida antes de alzar su voz contra los represores del denominado Proceso de Reorganización Nacional. “Antes de que fuera secuestrado mi hijo, yo era una mujer del montón, un ama de casa más (...) la cuestión económica, la situación política de mi país me eran totalmente ajenas”, contó, citada por el portal interlineasoeste.com.ar.

Bonafini volvió a ser noticia el pasado 4 de agosto, después de que el juez Marcelo Martínez de Giorgi giró una orden de busca y captura en su contra, por no atender un llamado a indagatoria para responder por presuntas irregularidades en el manejo de fondos del Estado por parte de su fundación a través de un programa de viviendas sociales.

Según el portal Infobae, el caso data de 2011 y 2012, cuando los entonces apoderados legales de la fundación fueron detenidos por usar su posición para lavar el dinero que se recibía del Gobierno.

LA ACTIVISTA

Poco a poco, Bonafini ganó notoriedad internacional y se hizo un puesto en la opinión pública. Conocida por un carácter que para algunos resulta polémico, esta líder social no se calla a la hora de criticar a los inquilinos de la Casa Rosada.

En 1991, durante una entrevista de televisión, tildó de “basura” al expresidente Carlos Menem (1989-1999), quien la demandó por desacato. En 1998, la justicia archivó la demanda judicial.

En 1996, su lucha contra las medidas del gobierno de Menem se hizo más evidente cuando la Policía la hirió en la cabeza mientras participaba en una manifestación en rechazo al cambio de la Ley de Educación Superior. “La sangre del pañuelo es la amenaza más fuerte de este gobierno para decir que paremos. ¡No nos van a parar!”, dijo Bonafini, portando aún su velo ensangrentado.

Aquel no fue el único episodio que puso a la Madre de Plaza de Mayo en el centro de la discusión. También manifestó su oposición a lo que calificó como la “corporación del poder”, integrada, en su opinión, por los estados del primer mundo, la socialdemocracia, Israel, el sistema neoliberal y el Fondo Monetario Internacional. Esta postura la llevó a manifestar, a través de comunicados, su apoyo a grupos guerrilleros como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (2008) y a exigir la liberación de los presos del grupo separatista vasco ETA (2000).

El activismo de Bonafini y sus declaraciones también le ganaron ataques en su casa y en la sede de Madres de Plaza de Mayo, y amenazas de muerte. En 2001, desconocidos irrumpieron en su casa haciéndose pasar por telefonistas y torturaron a su hija María Alejandra, a quien quemaron con cigarrillos y dieron golpes. “Nosotras no tenemos enemigos. Nuestros únicos enemigos son los policías, los torturadores (...) que se quedaron con ganas de hacernos cosas”, dijo a Página 12 aquel día.

Tras la reactivación de los juicios por delitos de lesa humanidad a los represores de la dictadura, en los mandatos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, Bonafini tuvo una relación cercana con la pareja presidencial.

En los actos públicos de Gobierno, usaba su presencia para legitimar el kirchnerismo y avalar sus medidas. Incluso, llegó a decir que Cristina superaba a Eva Perón, ya que “ella tuvo que luchar contra todos”.

“Esta recuperación de Néstor Kirchner y Cristina Fernández nos puso la patria en la mano”, declaró a mediados de 2015 en la televisión pública.

Con su activismo puesto varias veces en tela de juicio, Bonafini dictó charlas dentro y fuera de Argentina, y recibió doctorados Honoris Causa de universidades como la de Riverside, en California, Estados Unidos, por su labor en favor de los derechos humanos, y la Unesco le dio el premio de Educación por la Paz tras manifestar su repudio a la guerra de Yugoslavia en 1999.


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