Los trabajos relacionados con el comercio de servicio, call center y las labores domésticas son las áreas en las que las mujeres son sujeto de mayor discriminación, manifestó Anastacio Rodríguez, de la Fundación Friedrich Ebert Panamá, quien hizo un estudio sobre el tema.
Sus declaraciones se dieron ayer en el foro denominado “Participación política y mercado laboral de las mujeres en Panamá”, que fue organizado por el Instituto de la Mujer de la Universidad de Panamá.
Rodríguez, quien elaboró el estudio de la ‘Discriminación laboral de las mujeres en Panamá’, planteó que esta desventaja hacia la mujer “se presenta en todo sentido, por razón de sexo, edad, afiliación sindical, por discapacidad, por responsabilidades familiares, por su origen, entre otras”.
Su planteamientos coinciden con estadísticas recientes del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral (Mitradel) que detallan que durante los tres primeros meses de este año se registraron en esa entidad un total de 105 mil 595 contratos nuevos y rotaciones, sin especificar la cantidad de cada uno.
De ese total, 80 mil 590 plazas corresponden a hombres y 25 mil 5 a mujeres, indica el informe.
Los números evidencian que la oportunidad de conseguir un empleo es tres veces mayor entre los hombres que entre las féminas.
Por otro lado, el último informe global sobre Desarrollo Humano 2015 denominado ‘Trabajo al servicio del desarrollo humano’, presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), también deja en evidencia la disparidad laboral entre ambos géneros.
El estudio indica que, a pesar de que las mujeres contribuyen en un 52% al trabajo mundial, frente a los hombres que lo hacen en un 48%, estas obtienen una menor paga e incluso muchas de las labores que realizan no son reconocidas.
Se detalla que en el mundo, las mujeres ganan un 24% menos que los hombres, mientras que en América Latina, las mujeres en puestos de alta dirección ganan un 53% menos de lo que reciben los varones.
Respecto a las razones que generan esta situación, Irune Aguirrezabal, asesora política para América Latina y el Caribe de ONU Mujeres, señaló que “en la región están muy arraigados los estereotipos construidos socialmente en cuanto a los roles que se le asignan a cada género”.
Además, apuntó a que no existe una responsabilidad compartida en cuanto a las labores domésticas y las tareas de cuidados que regularmente son asignadas a las mujeres, lo que genera que tengan menos tiempo para laborar o usar su tiempo en formarse, entre otras cosas.
La especialista reconoció que han habido avances significativos para aumentar la participación y visibilización de las mujeres en varios aspectos, sin embargo, también manifestó que “no es suficiente”.
Aguirrezabal expresó que desde ONU Mujeres se plantea la educación como una herramienta fundamental para generar los cambios sociales y culturales que se requieren en la región.
Añadió que estas transformaciones también deben estar fundamentadas en tres ejes: la paridad sobre la toma de decisiones a nivel de Estado, el poder que deben tener las niñas y mujeres de decidir cómo quieren vivir su vida y el compartir las tareas de cuidado.
