El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, enfrentaba ayer sábado nuevas protestas y cortes de rutas en reclamo de una democratización del país, mientras el episcopado buscaba apaciguar los ánimos para fijar fecha a un diálogo que ponga fin a una crisis que ya deja 51 muertos.
Las protestas se extendían en varios municipios de al menos ocho departamentos del país, donde la noche del viernes y la madrugada del sábado se registraron nuevos enfrentamientos entre manifestantes, policías y fuerzas de choque del gobierno.
En las ciudades de Matagalpa, Estelí y el histórico barrio indígena de Monimbó de Masaya (sur) -antiguos enclaves de la lucha sandinista contra la dictadura de los Somoza (1934-1979)- los manifestantes levantaron barricadas, algunas de más de un metro. Mientras, en Chontales (este), más de mil campesinos bloquearon el tráfico, afectando el paso de los camiones que trasladan alimentos a los mercados de la capital.
En Managua, en el famoso Mercado Oriental, considerado como el mayor centro de Nicaragua, los comerciantes construyeron barricadas con adoquines para defenderse de los saqueadores que el viernes intentaron arrasar con sus negocios y repudiaron al gobierno.
“¡Que se vayan!”, coreaban en alusión a Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo. El gobierno denunció la quema de dos alcaldías, una casa del Partido Sandinista y un camión por parte de “grupos vandálicos”, a los que acusa de “desestabilizar” el país.
