La ONU expresó su inquietud ayer por la proliferación de incidentes y ataques que impiden la distribución de ayuda de emergencia a los damnificados por el huracán Matthew, que devastó Haití la semana pasada.
“Esta es evidentemente una preocupación para la coordinación y el envío de la ayuda”, indicó el coordinador de ayuda humanitaria en Haití, Mourad Wahba.
Casi dos semanas después del paso devastador del huracán, la ira se ha apoderado de muchos habitantes de zonas aisladas: numerosos convoyes humanitarios han sido bloqueados por barricadas y, en algunos casos, saqueados en la ruta nacional que conduce a la península del sur, la más afectada por Matthew.
El pasado sábado, un camión fletado por el Programa Mundial de Alimentos de la ONU fue saqueado frente a la entrada de la base de la ONU en la ciudad de Les Cayes, una de las más golpeadas por el huracán.
Los cascos azules senegaleses usaron granadas de gases lacrimógenos contra los pobladores que saqueaban el camión, los que respondieron arrojándoles piedras, indicó el responsable de la ONU.
Este ataque fue perpetrado poco antes de que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, aterrizara en helicóptero en la base de los casos azules de la ONU en Les Cayes.
“Todo ataque contra un convoy humanitario es un ataque contra los que sufren, contra los más necesitados”, dijo Ban a su regreso a Puerto Príncipe, tras haber precisado que él había sido “testigo del ataque”.
“Cuando unos camiones con medicamentos son atacados y saqueados, cuando alimentos y agua son saqueados, esto solo puede aumentar la angustia de todos y desalentar la ayuda internacional”, añadió.
Sin acceso seguro a alimentos ni agua, más de 175 mil damnificados continúan refugiados en albergues provisorios y preocupados por su futuro.
La ONU estima que al menos 1.4 millones de haitianos, de una población nacional estimada en 10.3 millones, necesitan asistencia humanitaria.
