El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, prometió ayer a su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, la ayuda estadounidense en la investigación sobre el golpe de Estado abortado en Turquía, pero también le pidió que respete el derecho, según la Casa Blanca.
Durante una conversación telefónica, Obama insistió en la necesidad de realizar las investigaciones sobre los autores de esa tentativa golpista fallida, pero con métodos que “fortalezcan la confianza del pueblo en las instituciones democráticas y el Estado de derecho”.
Turquía reclama a Estados Unidos la extradición del predicador musulmán en el exilio Fethullah Güllen, acusado por Ankara de haber impulsado el fallido golpe de Estado.
Washington advirtió a Ankara en repetidas ocasiones por el tema de las libertades públicas. Frente a las purgas llevadas a cabo desde el golpe fallido, en el ejército, la policía y la magistratura, Estados Unidos ha sido más insistente. Obama reconoció por otra parte “la determinación del pueblo turco frente a esta acción violenta, así como su compromiso con la democracia”.
Entre tanto, Turquía se comprometió ayer a eliminar de raíz a los aliados de Güllen, ampliando una purga de su ejército, la policía y la justicia a universidades y colegios, la agencia de inteligencia y autoridades religiosas.
Alrededor de 50 mil soldados, policías, jueces, funcionarios públicos y profesores han sido suspendidos o detenidos desde la intentona golpista, aumentando la tensión en este país de 80 millones de habitantes fronterizo con el caos de Siria y aliado de occidente contra Estado Islámico.
“Esta organización terrorista paralela no volverá a ser un peón efectivo para ningún país”, afirmó el primer ministro, Binali Yildirim, en referencia a lo que el Gobierno lleva tiempo denunciando como un estado dentro del estado controlado por seguidores de Gulen.
“Los arrancaremos de raíz”, dijo en el Parlamento. Turquía es un aliado clave de Estados Unidos en la región.
