En la boleta electoral figura el nombre de Hillary Clinton, pero la carrera de 2016 hasta ahora también ha sido una disputa entre Barack Obama y Donald Trump.
Nunca en los tiempos modernos un mandatario saliente ha sido tan importante en una campaña presidencial, un fenómeno ahora respaldado por una candidata que inicialmente mantuvo su distancia. Las multitudes a veces gritan “cuatro años más” cuando Obama o su mujer, Michelle, encabezan actos a favor de Clinton.
El papel preponderante que está desempeñando Obama refleja la decisión estratégica de Clinton de apelar a la popularidad del presidente en un año electoral: Obama goza de 53% de aprobación en su gestión, según la última encuesta de Gallup.
La campaña de Clinton sabe que ella no llegará a la Casa Blanca a menos que atraiga a una coalición a la que le ha costado entusiasmar: los afroamericanos, hispanos y votantes jóvenes que llevaron a Obama a la presidencia, dijo un demócrata cercano a la campaña y al gobierno de Obama.
El secretario de prensa de la Casa Blanca, Josh Earnest, dijo en una reciente reunión informativa que Obama era el “cuarto bateador” de Clinton [en el béisbol, un bateador con un rol potente]. En ese rol, Obama planea dedicar uno o dos días por semana a hacer campaña por Clinton durante todo el proceso electoral.
La antipatía de Obama por Trump va más allá de la política, dijo un demócrata cercano al Gobierno que pidió reserva de su identidad. El presidente y sus colaboradores consideran que Trump es la antítesis de valores de Obama como el compromiso con la diversidad racial y cultural, la toma de decisiones razonada y la disposición a trabajar dentro de las normas internacionales.
“Muestra que es tan inseguro que se levanta a sí mismo rebajando a otras personas”, afirmó Obama de Trump el 9 de octubre, en un acto de recaudación para la campaña en Chicago. “Muestra que no le importan los valores básicos de la civilidad y el respeto”.
Durante el segundo debate presidencial el pasado 9 de octubre, Trump arremetió contra la política exterior, el programa de salud y el manejo de los disturbios raciales de Obama, relacionando insistentemente a Clinton con el presidente. “Este país no puede aguantar otros cuatro años de Barack Obama, y es lo que van a tener con ella”, alegó el candidato republicano.
Históricamente, el candidato presidencial se consagra como líder del partido en la convención de mitad de año. Sin embargo, los momentos más memorables de la convención demócrata de julio fueron los discursos de la primera dama Michelle Obama y de los padres musulmanes de un soldado estadounidense muerto en combate. Clinton pasó buena parte de agosto fuera del escenario público, recaudando dinero y varios días enferma de neumonía.
