Hace un año, la oposición se encontraba en la cresta de la ola: junto a cientos de miles de personas tomó las calles de Venezuela y protagonizó uno de los mayores movimientos insurreccionales de la historia reciente en la región.
Hoy, sumida en una profunda crisis interna y agobiada por las fracturas, la coalición opositora y otras organizaciones realizaron ayer viernes pequeñas protestas en varios puntos de la capital y otras ciudades del interior en rechazo a las elecciones del 20 de mayo, a la galopante inflación, a la falta de alimentos y medicinas, y a las precarias condiciones de los servicios de salud, agua, electricidad y transporte.
Mientras se desarrollaban las pequeñas protestas opositoras, el mandatario Nicolás Maduro participó en una concentración multitudinaria en la población occidental de El Vigía como parte de la campaña electoral que arrancó el pasado 22 de abril y que se extenderá por casi cuatro semanas.
Ante miles de seguidores vestidos con las características camisetas rojas del oficialismo, Maduro llamó a los venezolanos a votar para garantizar la paz en el país.
“El imperio podrá seguir con su bloqueo, pero a Venezuela no la detiene nadie”, indicó el gobernante en un discurso que difundió la televisora estatal al asegurar que de resultar reelecto derrotará la “guerra económica” en Venezuela.
Las organizaciones opositoras y disidentes del oficialismo, aglutinadas en el llamado “Frente Amplio Venezuela Libre”, llamaron ayer viernes a protestas para animar a los sectores descontentos y fortalecer el boicot contra los comicios del 20 de mayo.
La coalición opositora, formada por una veintena de partidos, descartó su participación en los comicios de mayo alegando falta de garantías electorales.
Por su parte, la Organización de Estados Americanos realizará el lunes una sesión especial para analizar la crisis humanitaria en Venezuela y su impacto en los países vecinos.