No hay señalamientos o críticas que un dictador tolere. Aunque parezca contradictorio, su aparente acerada epidermis se vuelve sensible, irritable, cuando el goteo de las palabras que llegan a sus oídos no viene cargado de elogios y menos de adulación.
Daniel Ortega Saavedra, el dictador nicaragüense, lo demostró ayer al ordenar la salida del país de Guillermo Fernández Maldonado, representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas para Derechos Humanos (ONU), y de su equipo de trabajo.
La expulsión se cristalizó dos días después de que Fernández Maldonado y su equipo presentaran un informe sobre los derechos humanos en Nicaragua, que confirmó la represión en que vive la mayoría de los nicaragüenses, proveniente del Gobierno y de grupos paramilitares.
Entre las violaciones documentadas por el organismo, y que al parecer irritaron al dictador, están “el uso desproporcionado de la fuerza por parte de la Policía, que a veces se tradujo en ejecuciones extrajudiciales, las desapariciones forzadas, las detenciones arbitrarias y generalizadas, las torturas y los malos tratos”.

Otro aspecto del documento indica que “en casos en que hubo violencia por parte de los manifestantes, el uso de la fuerza letal por parte de las autoridades (...) así como la utilización de grupos armados progubernamentales, fueron violatorias al derecho internacional de los derechos humanos”.
Esta semana Fernández Maldonado informó que el Consejo de Seguridad de la ONU se reunirá este 5 de septiembre, encuentro en el que se podría estar analizando el caso de Nicaragua.
La salida del representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, y de su equipo de trabajo, se oficializó mediante una misiva que envió el canciller nica Denis Moncada a la representante regional para América Central del Alto Comisionado, Marlene Alejos.
Arremetida
Luego de que el miércoles se conociera el informe, que fue divulgado en Managua y en Ginebra, Ortega arremetió contra la gestión del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, señalando que este organismo no es más que un instrumento de políticas de terror, mentira e infamia. “Son infames... ya nadie cree en los organismos internacionales”, acotó.
El otrora guerrillero de 71 años de edad sostuvo que la Organización de Naciones Unidas es un “instrumento de los poderosos y de sus políticas de muerte”.
Desde mediados de abril Nicaragua pasa por una crisis política y social que hasta el momento ha dejado más de 300 muertos y 2 mil heridos.
