Los pacientes de la Caja de Seguro Social (CSS) que en el año 2006 consumieron medicamentos contaminados con dietilenglicol coinciden en que están viviendo un “infierno en vida”.
Algunos sufren pérdida de memoria y otros no soportan el dolor diario que les dejaron las secuelas por ingerir la sustancia mortal utilizada como refrigerante para vehículos.
Además de esto, cada mes mueren una o dos personas que tuvieron acceso a los fármacos de esa entidad.
Expertos como Néstor Sosa, director del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud y miembro de la Comisión Interinstitucional que afrontó la intoxicación masiva hace 10 años, señalan que la CSS no necesita producir medicamentos, pues para eso está la industria farmacéutica.
Tras una década, los afectados claman por “justicia” y que se les brinde una mejor atención.