Seis meses después de la conmoción que supuso la elección en Estados Unidos de un presidente escéptico sobre el cambio climático, los 196 firmantes del histórico Acuerdo de París para limitar el calentamiento del planeta reiniciaron ayer reuniones en Bonn para empezar a aplicarlo.
“Este acuerdo internacional es la única esperanza de supervivencia para los pequeños estados insulares”, había declarado Thoriq Ibrahim, ministro de Medioambiente de Maldivas, en un comunicado publicado la víspera de la primera reunión en Bonn en la jornada.
Su declaración refleja la gran preocupación de los países más vulnerables al cambio climático, reforzada por la llegada al poder de Donald Trump y su decisión de no luchar contra el calentamiento del planeta.
El Acuerdo de París comprometió a la comunidad internacional a actuar para limitar el alza de la temperatura “por debajo de +2°C” y “si es posible por debajo de +1.5°C” respecto a la era industrial. Los compromisos actuales son insuficientes y conducen a un alza de +3°C.
Ayer, en tanto, tuvieron lugar las primeras reuniones técnicas sobre las normas de aplicación del acuerdo, se multiplicaron en los corredores del centro de congreso internacional de Bonn las especulaciones sobre la salida o permanencia de Estados Unidos en el acuerdo.
“Todos esperamos la decisión final de la administración estadounidense”, declaró Yvon Slingenberg, representante de la Unión Europea. Paula Caballero, experta del World Resources Institute, considera que una “retirada de Estados Unidos crearía dificultades, sí, pero no sería algo insuperable ni cambiaría el rumbo de la historia”.
Una reducida delegación estadounidense está presente en Bonn, encabezada por Trigg Talley, ya a cargo de ella bajo la administración Obama, pero se ignora el alcance real de su mandato.
Una fuente del Departamento de Estado dijo que Estados Unidos quiere “asegurarse de que las decisiones no perjudicarán” a su política en favor de la competitividad de las empresas y el crecimiento económico.
