El papa Francisco rememoró ayer la última cena y, emulando a Jesús, cumplió con el ritual del lavado de pies a 12 discapacitados, entre ellos un joven musulmán, en ceremonia celebrada en la iglesia de un barrio periférico de Roma.
Los escogidos fueron personas de 16 a 86 años, entre los que había no católicos.
En su homilía, Francisco explicó que el gesto de Cristo al lavar los pies a los apóstoles representa a “un Dios que se ha hecho siervo”. “Ahora yo haré este gesto. Pensemos en el amor que Jesús nos dice tenemos que tener con los otros”, dijo el pontífice.