Tres días después del atentado terrorista en Bruselas que dejó 31 muertos y alrededor de 200 heridos, el papa ha arremetido contra los “fabricantes y traficantes de armas” al señalarlos como los verdaderos culpables de la masacre.
Tras lavar los pies a 11 refugiados - 3 nigerianos católicos, 3 mujeres eritreas coptas, 3 musulmanes, 1 hindú- y a una de las voluntarias italianas que los asiste en el centro de acogida de la periferia de Roma donde ha celebrado la misa de Jueves Santo, Francisco ha clamado contra los negociantes que viven de las guerras.
“Un gesto de guerra y destrucción en una ciudad de Europa. Gente que no quiere vivir en paz. Detrás de ese gesto están los fabricantes de armas, que quieren sangre, y no quieren la paz, que quieren la guerra y no la fraternidad”, ha denunciado.
Durante la solemne celebración en el centro de acogida de inmigrantes en Castelnuovo di Porto, a 30 kilómetros de Roma, Bergoglio ha reivindicado que “los gestos hablan más que las palabras”.
“Todos nosotros juntos, musulmanes, cristianos evangélicos, protestantes, hindús… diferentes culturas, pero hermanos, hijos del mismo Dios, que queremos vivir en paz”, ha expresado.
Francisco es hijo de inmigrantes italianos y su primer destino como pontífice dentro de Italia fue la isla de Lampedusa en julio de 2013, donde exclamó“vergüenza” contra la cultura que es indiferente ante la tragedia de los miles de inmigrantes que mueren ahogados en el mar Mediterráneo al intentar alcanzar las costas de Europa.
De nuevo, el pontífice argentino ha querido llamar la atención de la comunidad internacional sobre el drama de los refugiados, en un momento en el que miles de ellos continúan varados en la frontera entre Grecia y Macedonia debido al cierre de fronteras.