Los diputados italianos comenzaron a examinar el lunes una proposición de ley sobre la legalización de la producción de cannabis para el autoconsumo y el uso recreativo, una iniciativa que suscita una fuerte oposición y no cuenta con el respaldo del Gobierno.
El texto sometido a los diputados propone autorizar el cultivo de hasta cinco plantas y la posesión de hasta 15 gramos por vivienda, mientras que la venta entre particulares y su consumo en lugares públicos seguiría estando prohibido.
“El simple hecho de que la ley sobre la legalización de las drogas blandas esté en el orden del día abre un debate que hasta ahora no había habido en este país”, celebró Roberto Giachetti, parlamentario oficialista del Partido Demócrata (PD).
Por su parte, Massimiliano Fedriga, del partido de derecha Liga Norte, le respondió: “El hecho de autorizar a los ciudadanos a drogarse no va a hacer que se olviden de la realidad de la pobreza y del desempleo”.
Esta propuesta también prevé la posibilidad de que el Estado cultive y venda marihuana, a semejanza de la industria del tabaco.
Como varios países europeos o estados de Estados Unidos y países latinoamericanos que han dado el paso en los últimos años, los partidarios de esta iniciativa parten de una constatación: la represión internacional no ha servido para detener la difusión o el consumo.
Uno de los casos ha sido el de Uruguay, donde se aprobó una ley que legalizó el autocultivo, los clubes de cannabis y la venta al público de la droga en farmacias, todo previo registro y bajo control estatal.
En su último informe anual, la Dirección Nacional Antimafia italiana (DNA) denunció“el fracaso total de la acción represiva”, así como “la imposibilidad absoluta de aumentar los esfuerzos” de represión del consumo.
Además, en Italia, donde el cannabis de uso terapéutico es legal, la represión ha absorbido importantes recursos policiales, judiciales y financieros.
