La voz del presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, se alzó sola en la búsqueda de un pronunciamiento de la XXV Cumbre Iberoamericana –que concluyó ayer en Cartagena, Colombia– sobre la crisis en Venezuela.
El mandatario peruano fue el único que aludió a la situación política y socio-económica que afrontan millones de venezolanos, que hizo crisis en febrero de 2014, con protestas, heridos, muertos, detención y juzgamiento de opositores, y un deterioro que ha generado niveles récord de desabastecimiento de alimentos y medicamentos, y una crisis de gobernabilidad.
Las palabras de Kuczynski no hallaron eco en ninguno de los discursos de sus homólogos, así como tampoco entre los documentos aprobados al final de la sesión. No hubo una resolución que incluyera el tema.
Kuczynski, quien al igual que el resto de los 22 países representados en la cumbre alabó el proceso de paz de Colombia y felicitó al anfitrión y Nobel de la Paz, Juan Manuel Santos, manifestó que “el tema de la paz” los debía llevar a lo que pasa en algunas partes del hemisferio, “sobre todo en el país vecino, que sufre una tremenda crisis económica y también una crisis de derechos políticos, y diría yo también de derechos humanos”.
Destacó que es muy difícil tener una reunión como esa sin hablar de temas como el de Venezuela. “Nos van a decir, ustedes hablan de educación, de empleo, todo eso muy bonito, pero ¿se están realmente ocupando de los temas candentes?”.
Aseguró que en sus palabras no había afán de interferir en lo que ocurre en otros países, ni tampoco afán ideológico. “Sí hay un afán de que todos los latinoamericanos, los iberoamericanos, progresen, adelanten y no retrocedan”, añadió.
El presidente había levantado una gran expectativa días previos a la cumbre, ya que declaró en su país que pediría aplicar la Carta Democrática a Venezuela y exigiría su salida de la Organización de Estados Americanos (OEA). La propuesta no se escuchó en el foro.
La expectativa aumentó también porque se mencionó que los países miembros del Mercado Común del Sur (Mercosur) se reunirían en el marco de este cónclave para tratar nuevamente el tema de Venezuela, una noticia que generó el rechazo del presidente Nicolás Maduro quien, a través de su Cancillería, reclamó que esa nación estaba en pleno ejercicio de la presidencia pro tempore y cualquier convocatoria sería ilegal; a pesar de que el resto de los países miembros asumió la presidencia conjunta del Mercosur hace poco más de un mes. Al final, esta reunión tampoco se dio.
Maduro no asistió a la cumbre. Hubo revuelo todo el día de ayer porque a última hora habría dicho que llegaría, incluso muchos medios de prensa esperaron su llegada en el aeropuerto por horas, pero no sucedió. Su canciller, Delcy Rodríguez, tomó su lugar en la mesa y asumió su papel de defensa a la soberanía del país.
“Cualquier espacio” que permita llevar “información sobre la verdad de Venezuela [es] relevante”. “Las verdades que nunca dirán las transnacionales de la comunicación y los poderes fácticos que pretender mandar en el planeta, esos son los verdaderos enemigos” de nuestros países, dijo en sus primeros minutos de intervención.
Aprovechó para vender la “revolución”. “El tema [de la cumbre, juventud, emprendimiento y educación] es el alma de la revolución, la inspiración del proceso de transformación profunda que en 1998 se inició en Venezuela”, indicó. “Para quienes hablan de un modelo fracasado, basta revisar los números; para dar una referencia: de casi 30 millones de habitantes, 10.5 millones están en escolaridad. En 1990, 537 mil personas formaban parte de la matrícula universitaria; en 2015, [son] 2 millones 757 mil 200. Es la comparación de los modelos, el liberal de la década de 1980 y 1990 y el socialismo del siglo XXI. Es la verdad”, remarcó. Y luego enumeró todos los programas sociales del Gobierno que, asegura, están enfocados en la juventud, incluido uno que garantiza que estos participen en el Consejo de Gobierno Presidencial y acompañen en la toma de decisiones de política que les son inherentes.
Por último, excusó al presidente Maduro diciendo que “mañana [hoy] empieza un proceso de diálogo con los grupos opositores, para encausarlos [a ellos y] aquellas acciones que pretenden por la vía no constitucional el derrocamiento del presidente de Venezuela”.
De otro lado, la postura de Venezuela sobre sus choques con la oposición, a la que acusa de generar un golpe de Estado comandado desde Estados Unidos y con el apoyo de “una campaña mediática internacional”, tampoco recibió un respaldo abrumador de los socios que le quedan en la región.
Aunque el presidente Rafael Correa, de Ecuador, defendió el discurso contra la derecha, apuntó hacia Brasil y Argentina, y manifestó su “rotundo rechazo a los golpes de Estado blandos, parlamentarios o judiciales”. “No pudieron encontrar un ápice de corrupción a la presidenta Dilma Rousseff, pero como ya la habían sentenciado, le imputaron un tema administrativo para destituirla, se persigue judicialmente a otro extraordinario líder latinoamericano y mundial, Luiz Inácio Lula da Silva, sencillo obrero que pasó a dirigir la economía más grande de toda Iberoamérica (...) todos lo admirábamos y lo escuchábamos con atención. También se persigue a Cristina Fernández en Argentina”, expresó.
El mandatario, que concluye su gestión en enero de 2017, se incluyó entre los afectados por esos golpes blandos de los que habló. Afirmó que en Ecuador han “padecido” en tres oportunidades de su historia reciente los efectos negativos de esos impeachment, teniendo como resultado 7 presidentes en 10 años y ocasionando un gran daño a la democracia, la institucionalidad y el Estado de derecho.
Y mencionó que para evitar esa inestabilidad, en su nueva Constitución se incluyó la llamada muerte cruzada, con la cual el presidente puede disolver la Asamblea en caso de persistente bloqueo parlamentario y luego debe llamar a elecciones anticipadas, presidenciales y legislativas. De forma análoga, agregó, si la Asamblea destituye por cualquier motivo al presidente, esta tiene que disolverse y se llamará a elecciones anticipadas, presidenciales y legislativas. “No se imaginan la estabilidad y gobernabilidad que nos ha dado este simple mecanismo, porque ustedes saben que esa politiquería no mira por el bien común, sino tan solo por sus espacios de poder”, alegó.
Concluida la cumbre, la Cancillería de Perú emitió un comunicado fechado en Cartagena: “El Gobierno del Perú (...) considera que en Venezuela se ha generado una alteración del orden democrático y constitucional que vulnera los principios de la ‘Carta Democrática Interamericana’, la que identifica como elementos esenciales de la democracia representativa el ejercicio del poder con sujeción al Estado de derecho y la separación e independencia de poderes. El restablecimiento del Estado de derecho involucra la participación en libertad de todos los actores políticos y sociales venezolanos, para lo cual es necesario que el Gobierno y la oposición logren acuerdos precisos con el objetivo de restaurar el orden democrático, con plazos y objetivos definidos. El Perú expresa su apoyo y confianza a las gestiones de la Santa Sede (...)”.
La cumbre emitió una declaración final con el compromiso de renovar y fortalecer la secretaría iberoamericana y atender los problemas de los jóvenes desempleados. Y en comunicados se reiteró el rechazo al embargo contra Cuba y abogaron porque Argentina y Gran Bretaña reanuden a la mayor brevedad las negociaciones sobre las disputadas islas Malvinas (Falkland).La próxima cita iberoamericana será en dos años en Guatemala.
(Con datos de Reuters)
