El gobierno federal de Brasil emitió ayer un decreto para poner al Ejército a cargo de la policía local de Río de Janeiro, en medio de una crisis de violencia.
La medida es significativa, tanto en términos simbólicos como prácticos, para la nación más grande de América Latina, donde muchos aún recuerdan la brutal dictadura militar de 1964-1985.
Poner al mando a los militares podría reducir la violencia a corto plazo, pero podría también degenerar en el uso excesivo de la fuerza.
El decreto, ya en vigencia y por ser confirmado por el Congreso la semana próxima, fue firmado por el presidente Michel Temer. Dijo que era una “medida extrema para devolver el orden a la situación nacional”.
“La delincuencia organizada casi se apoderó del estado de Río de Janeiro. Esta es una metástasis que se está extendiendo en nuestro país y amenaza a nuestro pueblo. Por eso decidimos la intervención”, dijo Temer en el palacio presidencial de Brasilia.
“Nuestra administración dará una respuesta firme y contundente”. Aunque Río de Janeiro ya ha utilizado personal militar para ayudar a la Policía, la intervención marca un paso mayor, con el mando de todas las operaciones de seguridad quedando en manos militares.
