El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, canceló una orden de alto el fuego anunciada hace unos días, luego de que la guerrilla comunista mató a un miliciano del Gobierno y se negó a declarar su propia tregua antes del plazo impuesto, que se cumplió ayer.
Fue la primera brecha en lo que había sido una relación floreciente entre Duterte, que se hace llamar un presidente de izquierda, y los guerrilleros , que han estado librando una de las insurgencias más viejas de Asia.
Ambas partes habían acordado reanudar las conversaciones de paz el próximo mes en Noruega y no quedó claro por el momento si los últimos hechos afectarán los planes de las conversaciones.
Después de retirar su orden de cesación de hostilidades, Duterte emitió un comunicado anoche diciendo que había ordenado a todas las fuerzas del Gobierno declararse en estado de alerta y “continuar ejerciendo sus funciones normales y neutralizar todas las amenazas a la seguridad nacional, proteger a la ciudadanía, hacer cumplir las leyes y mantener la paz nacional”.
