Una versión reducida de las restricciones decretadas por el presidente Donald Trump al ingreso a Estados Unidos (EU) de personas de seis países mayoritariamente islámicos ha entrado en vigencia, aunque despojada de las disposiciones que provocaron protestas y caos en aeropuertos de todo el mundo en enero pasado.
Las nuevas normas, no consisten en una prohibición, sino más bien en un endurecimiento de las normas para el otorgamiento de visas a ciudadanos de los seis países, incluidos los refugiados.
En Irán, el ministro de Exteriores Mohammad Javad Zarif dijo que la prohibición constituía “una muestra realmente vergonzosa de hostilidad ciega hacia todos los iraníes”.
Por su parte, los defensores de los derechos humanos se preparan a librar nuevas batallas en las cortes. La Unión Americana de Libertades Civiles dijo que los nuevos criterios son “sumamente restrictivos”, “arbitrarios” y diseñados para “denigrar y condenar a los musulmanes”.
El estado de Hawái presentó el pasado jueves una moción de emergencia en la que solicitó a un juez federal que aclare que el Gobierno no puede aplicar las restricciones a los prometidos o parientes como abuelos, tías o tíos, que no fueron incluidos en la definición que hizo el Departamento de Estado sobre relaciones personales bona fide, es decir, genuinas y comprobables.
