Luego de aprobado esta semana el plan de uso público para el Parque Nacional Coiba, un instrumento de planificación y gestión de esta área protegida, ¿qué viene ahora para esta reserva localizada en la provincia de Veraguas?
El Ministerio de Ambiente detalló que este primer trimestre de 2018 les corresponde presentar un informe sobre avances en Coiba a la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés), ya que el sitio es patrimonio natural de la humanidad.
De hecho, uno de esos “avances” que se incluiría en el informe sería la aprobación del plan de uso público, una de las demandas de Unesco en los últimos años.
Además, este año comenzarían a licitarse obras como parte del préstamo que recibirá el Ministerio de Ambiente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por un monto de $62 millones, para facilidades turísticas en cuatro sitios naturales protegidos, entre ellos el Parque Nacional Volcán Barú y el Parque Nacional Coiba.
En el caso específico de Coiba, las edificaciones que se harían ascienden a $27.5 millones y están en la propuesta de financiamiento que reposa en el sitio web del BID.
El documento hace referencia a obras y reparación de edificaciones dentro de Coiba, como la del antiguo complejo carcelario que contempla la garita, iglesia y edificio principal de 1914.
También están la rehabilitación de senderos de interpretación, mejora de instalaciones de la estación de Gambute, adecuación del sistema de suministro de agua potable y de las aguas servidas, y habilitación del muelle. A su vez, se menciona el desarrollo de cabañas de “bajo impacto”, sin especificar la cantidad.
DEBATE POR PLAN DE USO

El ministro de Ambiente, Emilio Sempris, indicó que cuatro países de la región cuentan con áreas protegidas marinas en el océano Pacífico y que son de alto interés nacional regional e internacional: Galápagos en Ecuador, Mapelo en Colombia, Cocos en Costa Rica y Coiba en Panamá.
“En las últimas semanas se ha lanzado una campaña de desamor patrio en redes sociales para que nuestro país continúe siendo el único de los cuatro países que no cuente con los debidos planes de gestión y corra el peligro de incumplir los compromisos nacionales e internacionales ante Unesco”, señaló Sempris, haciendo referencia al plan de uso público del parque Coiba.
Sobre los planes de turismo de “bajo impacto” que se van a desarrollar en las reservas con el préstamo del BID, Sempris ha mencionado que las consultas públicas con la sociedad civil organizada comenzarán durante el primer trimestre de este año.
Para Rosabel Miró, de la Sociedad Audubón de Panamá, aprobar temas como el plan de uso público con apuros solo para cumplir con compromisos “no es lo correcto”.
“Las gestiones que se hacen, de manera apresurada, resultan en productos que no son de la mejor calidad, que persiguen un propósito errado y presentan vacíos de información cruciales para el manejo apropiado de un área específica”, agregó.
Según Miró, si bien todas las áreas marinas mencionadas por Sempris forman parte de un corredor marino, cada una de esas islas tiene particularidades naturales, sociales, económicas y de manejo bastante peculiares y muy diferentes. “No son lo mismo y por ende no se deben manejar igual”, acotó.
Por su parte, Tania Arosemena, representante de Fundación Mar Viva y quien fue la única integrante del Consejo Directivo de Coiba que votó en contra del plan de uso público de Coiba, subrayó que como representante de las oenegés en ese organismo van a “fiscalizar” que las recomendaciones, entre estas la de los científicos, sean integradas a la versión final de ese plan.
Isaías Ramos, biólogo del Centro de Incidencia Ambiente, manifestó que dejarse llevar por la premura o por intereses políticos o económicos sobre un área con la fragilidad de Coiba, conllevará situaciones “negativas”.
‘Cámaras detectan búfalos en reserva, pero no vacas y caballos’
Los más de 2 mil 500 semovientes (vacas y caballos) que existieron en algún momento dentro del área protegida de Coiba y que se encontraban en estado salvaje posiblemente ya no existen. Jorge García, jefe del departamento de Biodiversidad del Ministerio de Ambiente, indicó que se hicieron cuatro giras de inspección para determinar la cantidad de semovientes, pero solo identificaron búfalos. “Se tomó la decisión de colocar cámaras para estimación de biodiversidad y se estimó que podrían ser entre 20 y 30 búfalos, pero no se observaron vacas y caballos”, puntualizó. El funcionario sostuvo que ni siquiera encontraron huellas o rastros de los semovientes. De acuerdo con García, el ganado no sobrevivió porque la vegetación no creció y ya no había pasto. “El clima tampoco era el mejor para el ganado y se quedaron sin alimento y atascados para época de lluvia”, concluyó.

