El presidente de la República de Italia, Sergio Mattarella, propuso a los partidos políticos de Italia la creación de un gobierno “neutral, de servicio y de garantía”, que estaría en el cargo 7 meses, hasta finales de diciembre de 2018.
Esta es su receta para desbloquear la parálisis institucional en la que se encuentra el país tras las elecciones del pasado 4 de marzo. Después de esta transición los italianos volverían a las urnas en octubre, con el riesgo de que la incertidumbre política acabe pasando factura a la economía.
Mattarella constató en un clima de enorme tensión la imposibilidad de formar un gobierno político y optó por pasar la pelota a los partidos y concederles un tiempo extra. Pero sus deseos distan mucho de la realidad.
Los grandes vencedores de las pasadas elecciones el Movimiento 5 Estrellas (M5S) y la Liga —cuyos escaños sumarían mayoría absoluta— exigen que las elecciones se adelanten al mes de julio, una fecha complicada con las vacaciones de verano europeas, inédita en Italia.
“Es necesario un gobierno valiente, determinado y libre que defienda en Europa el principio de los italianos primero”, aseguró Matteo Salvini. Por su parte, el líder del M5S mostró también su rotundo rechazo a un gobierno técnico. “O un ejecutivo político o se vuelve a las urnas”, sentenció Luigi Di Maio tras reunirse con Mattarella.
Para ambos la opción del gobierno neutral propuesta por Mattarella es un calco del gobierno técnico que lideró Mario Monti en 2013 después de que el tres veces ministro italiano, Silvio Berlusconi, se viera forzado a dimitir después de los mercados y la Unión Europea pidieran su cabeza al entonces presidente, Giorgio Napolitano.
Mattarella desvelará próximamente el nombre del elegido para dirigir un gobierno de transición que lleve al país hasta las elecciones, pero para ello necesita el voto de confianza del Parlamento, y no parece probable que estas fuerzas políticas cedan. Los puentes de diálogo entre la Liga y el M5S se rompieron tras la negativa de Salvini de sacrificar a Berlusconi, su principal socio en la coalición.
Todo apunta a que solo las urnas podrán desatascar el escenario político italiano. La única incógnita es la fecha del nuevo voto.
