Las controvertidas políticas económicas del gobierno conservador saliente y las radicales contrapropuestas del partido antiausteridad Podemos monopolizaron ayer el único debate electoral entre los cuatro principales candidatos a las legislativas en España, ilustrando una creciente polarización de la política.
En un país acostumbrado a décadas de rígidos “cara a cara” televisivos entre los líderes de dos únicas fuerzas hegemónicas -el conservador PP y el socialista PSOE-, este duelo verbal antes de los comicios del 26 de junio fue una primicia histórica.
La muerte del bipartidismo en las legislativas del 20 de diciembre, con la irrupción de Podemos (izquierda radical) y Ciudadanos (centroderecha), resultó en un Parlamento muy fragmentado que, tras meses de negociaciones, no logró formar gobierno. Pero también hizo imposible dejar a las nuevas formaciones fuera del debate político.
Mariano Rajoy, de 61 años y candidato a la reelección, se enfrentó así a tres candidatos jóvenes. Apoyados en un simple atril blanco, los cuatro debatieron de pie, dirigiéndose principalmente al 30% de indecisos.
En un país que sale de una larguísima crisis, la economía y el empleo fueron temas clave. “Todos los españoles saben que las cosas están mejor, no están bien, pero están mejor”, afirmó Rajoy, defendiendo su balance económico desde 2011.
Tras cinco años de recesión o crecimiento nulo, la cuarta economía de la eurozona aumentó 3.2% su producto interior bruto (PIB) en 2015 y aunque el desempleo sigue siendo muy elevado (20.9% en 2015), este mayo registró su mejor dato desde agosto de 2010.
Pero a un precio muy alto: un ajuste de 150 mil millones de euros (169 mil millones de dólares) entre principios de 2012 y finales de 2014, con drásticos recortes -en sectores clave como la sanidad y la educación- y aumento de impuestos, principalmente directos.
Como resultado creció la desigualdad entre ricos y pobres. “Mientras hablamos aquí, hay 10 millones de españoles en situación de riesgo de pobreza”, lanzó el líder de Podemos, Pablo Iglesias, de 37 años, basándose en datos oficiales.
Vestidos el primero con un tradicional traje azul marino con corbata y el segundo en mangas de camisa, Rajoy e Iglesias, situados en los extremos del espectro político y también de un sobrio plató televisivo, se esforzaron por dejar a Sánchez y Rivera en un segundo plano durante un debate con pocos ataques personales.
Si llegan al poder, Podemos y su aliado Izquierda Unida (IU) prometen acabar con la austeridad y mejorar el mermado bienestar social aumentando impuestos y ralentizando la reducción de un déficit aún muy elevado (5.1% del PIB en 2015).
Unas políticas similares a las propuestas por su aliado Syriza en Grecia que le valieron duros ataques del resto de candidatos.
“El modelo griego no lo queremos para España y machacar con impuestos no es la solución”, aseguró el líder del liberal Ciudadanos, Albert Rivera, de 36 años.
En el centro político, Ciudadanos y PSOE, los partidos con menos visibilidad hasta ahora en la campaña, buscaron movilizar a sus electores desencantados por sus esfuerzos infructuosos para formar gobierno.
Confirmando una creciente polarización, una encuesta publicada el pasado domingo por el diario El País atribuía 28.9% de votos al PP, 25.4% a Unidos Podemos, 20.8% al PSOE y 15.9% a Ciudadanos.
