El sindicalista y empresario Cyril Ramaphosa asumió oficialmente ayer la Presidencia de Sudáfrica, prometiendo convertir en una de sus prioridades la lucha contra la corrupción, que ensombreció gravemente el mandato de su predecesor, Jacob Zuma.
Único candidato en liza, Ramaphosa, jefe del partido en el poder, el Congreso Nacional Africano (CNA), “es elegido presidente de la República de Sudáfrica”, declaró el presidente de la Corte constitucional, Mogoeng Mogoeng, entre los aplausos de los diputados congregados en sesión extraordinaria.
El nuevo presidente, de 65 años, afirmó ante el Parlamento su compromiso de convertir en prioridad la lucha contra la corrupción. “Trabajaré muy duro para intentar no decepcionar al pueblo sudafricano”, dijo.
Ramaphosa detallará ante los diputados sus propuestas durante su primer discurso sobre el estado de la nación, previsto para hoy viernes por la tarde.
Su predecesor, Zuma, debilitado por un escándalo de desvío de fondos públicos, había anunciado el miércoles por la noche que ponía fin a nueve años de presidencia, acatando las órdenes de su partido que lo amenazaba con un voto de desconfianza en el Parlamento, donde es mayoritario.
“He decidido dimitir como presidente de la República con efecto inmediato, aunque estoy en desacuerdo con la dirección de mi organización”, el CNA, declaró Zuma en un discurso televisado.
Ramaphosa, que asumió en diciembre el liderazgo del CNA, buscaba la salida de Zuma, salpicado por varios casos de corrupción, con el fin de evitar una catástrofe electoral en las elecciones generales de 2019.
Ramaphosa deseaba una salida consensuada del poder de Zuma, pero tuvo que hacer frente al obstinado rechazo de este en dejar la presidencia, pues su mandato solamente expiraba el próximo año.
Después de varias semanas de fallidas negociaciones con Zuma, que sumieron al país en una importante crisis política, la dirección del CNA decidió el martes exigirle que dejara el poder lo antes posible.
El nuevo mandatario, un exsindicalista convertido en millonario, prometió reactivar la economía del país, que lleva tiempo estancada, y erradicar la corrupción que azota a su partido y a la cúpula del Estado.
