El clamor por “verdad y justicia” se sintió una vez más ayer en las calles de Santiago en la conmemoración de los 43 años del golpe militar que derrocó a Salvador Allende, apagó la democracia chilena e instauró la cruenta dictadura de Augusto Pinochet.
El Palacio de La Moneda, la sede de gobierno que soportó los bombardeos el 11 de septiembre de 1973, fue el centro del primer acto oficial de la jornada con un homenaje a Allende encabezado por la presidenta socialista Michelle Bachelet.
En La Moneda aún resuenan “los ecos del más doloroso hito de nuestra historia reciente”, que culminó con el retorno a la democracia en 1990, señaló Bachelet en un breve y sentido discurso.
Bachelet destacó los avances en políticas de derechos humanos y aseguró que se ampliarán los espacios destinados a mantener la memoria de lo ocurrido durante la dictadura, y anunció que la Subsecretaría de Derechos Humanos se pondrá en marcha a fines de 2016.
Apenas finalizado el discurso de Bachelet se inició una multitudinaria marcha que tras recorrer varios kilómetros arribó al Cementerio General de Santiago, donde familiares de desaparecidos junto a miles de chilenos rindieron homenaje a las más de 3 mil 200 víctimas mortales del régimen.
Ante los disturbios generados por algunos manifestantes, la policía chilena reaccionó lanzando gases lacrimógenos, que afectaron a personas que buscaban ingresar al cementerio para dejar una ofrenda floral a los caídos de la dictadura de Augusto Pinochet.
