El ministro de Turismo de Brasil, Henrique Eduardo Alves, renunció ayer al cargo, una nueva baja para el gobierno interino de Michel Temer en medio de acusaciones por un escándalo de corrupción que asuela al gigante sudamericano.
Alves explicó en una carta pública que dejaba el cargo para “no comprometer o crear ninguna dificultad para el Gobierno”.
Alves fue uno de la veintena de políticos mencionados en el acuerdo de delación premiada de un acusado en la investigación por el caso de corrupción de Petrobras, que también involucró a Temer y varios de sus colaboradores más cercanos.
Sergio Machado, un exsenador del partido de Temer que estuvo encargado de la unidad Transpetro de Petrobras por más de una década, fue el último político que acusa a amigos y aliados bajo un acuerdo con los fiscales.
Machado dijo que Alves, quien fue congresista por cuatro décadas, solicitó 1.55 millones de reales (450 mil dólares) en fondos para campañas. Agregó que las contribuciones fueron legales, pero eran resultado del esquema de corrupción de Petrobras. Alves negó la acusación y dijo que las contribuciones a sus campañas habían sido hechas a través de los canales oficiales y declaradas a las autoridades electorales.
El Supremo Tribunal Federal divulgó un testimonio de Machado, en el que declara que la constructora Queiroz Galvao realizó contribuciones de forma legal para la campaña de Temer, pero que los fondos provenían de un esquema de contratos irregulares con la petrolera estatal.
Temer minimizó las acusaciones, las que calificó de mentiras frívolas, pero la nueva renuncia pone de manifiesto el caos que ha sembrado el caso Petrobras en momentos en que Brasil pasa por su peor recesión en décadas. El testimonio es el primero que relaciona a Temer con la investigación.
El despacho de Temer negó que él haya solicitado contribuciones ilegales a Machado, agregando que siempre siguió las leyes de financiamiento de campaña.
